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Ganadería

Latam consolida su liderazgo en producción aviar con crecimiento del 40 % en 15 años

América Latina y el Caribe continúa fortaleciendo su posición como una de las principales regiones productoras de carne de pollo del mundo. Según el más reciente informe del Instituto Latinoamericano del Pollo (ILP), difundido en el marco del Día Latinoamericano del Pollo, la producción regional alcanzó 31,5 millones de toneladas en 2025, lo que representa un crecimiento del 40,4 % respecto a 2010, cuando el volumen se ubicaba en 22,5 millones de toneladas. El desempeño incluso superó el ritmo de expansión registrado a nivel mundial (35,8 %) y en el conjunto del continente americano (36,1 %). Así lo destaca el informe elaborado por el ILP, organismo vinculado a la Asociación Latinoamericana de Avicultura (ALA). El crecimiento permitió que la región concentrara el 29,4 % de la producción mundial de carne de pollo y el 57,6 % del total generado en el continente americano, consolidando su protagonismo tanto en la oferta global de proteínas como en el comercio internacional. El informe también evidencia el peso exportador del bloque. Durante 2025, América Latina y el Caribe enviaron al exterior cerca de 5,74 millones de toneladas, volumen que equivale al 39,4 % de las exportaciones mundiales y al 64,6 % de todos los embarques realizados por el continente americano. No obstante, la mayor parte de la producción continúa destinada al mercado interno. En materia de consumo, la región registró una demanda de 27,4 millones de toneladas, con un promedio cercano a 41 kilogramos por habitante al año, reflejando el papel de la carne de pollo como una de las principales fuentes de proteína animal por su accesibilidad y versatilidad. Desde la Asociación Latinoamericana de Avicultura señalaron que el crecimiento alcanzado es resultado del trabajo de miles de productores y de toda la cadena productiva, que contribuye de manera decisiva a la seguridad alimentaria y al desarrollo económico de la región. Asimismo, el organismo sostuvo que el desafío para los próximos años será sostener la expansión mediante mayores niveles de productividad, innovación, bioseguridad y eficiencia en el uso de los recursos, además de responder a las nuevas exigencias de los consumidores. [Foto: Frigorífico aviar / Archivo / Productiva C&M]

Agricultura

Exigencias globales posicionan a Paraguay en carrera de los biocombustibles

Paraguay se encuentra ante una oportunidad estratégica para consolidarse como un actor relevante en el mercado internacional de biocombustibles, impulsado por las crecientes exigencias globales en materia de sostenibilidad, trazabilidad y reducción de emisiones. En este escenario, las certificaciones internacionales se convierten en una herramienta clave para abrir mercados y demostrar con evidencia objetiva el compromiso ambiental de toda la cadena productiva. Así destacó Carlos Picco, gerente de la unidad de Certificaciones de Control Union, quien señaló que el país atraviesa un verdadero “punto de inflexión” en su proceso de transición energética. Según explicó, Paraguay cuenta con una sólida base productiva y condiciones favorables para convertirse en un polo regional de biocombustibles, aunque el desafío principal pasa por validar esa sostenibilidad ante los mercados más exigentes. “El gran desafío es demostrar la sostenibilidad con evidencia objetiva y credibilidad internacional”, afirmó Picco, al referirse a una tendencia global donde ya no alcanza con producir volumen, sino que se exige cada vez más información verificable sobre el origen de las materias primas y el impacto ambiental de los procesos. El especialista explicó que las certificaciones se han transformado en el lenguaje que hoy demandan mercados como la Unión Europea y Estados Unidos, ya que permiten demostrar trazabilidad, cumplimiento de requisitos ambientales y reducción de gases de efecto invernadero. En ese sentido, destacó que ya existen cadenas de valor internacionales que utilizan soja certificada proveniente de Paraguay, reflejando la creciente integración del país a esquemas globales de producción sostenible. Como entidad verificadora independiente, Control Union trabaja en todos los eslabones de la cadena de biocombustibles, desde la producción primaria hasta la industrialización y exportación. Su función consiste en validar de manera objetiva la información relacionada con sostenibilidad, calidad, eficiencia y emisiones. Picco señaló además que varias empresas paraguayas ya avanzan en procesos de certificación que les permiten acceder a mercados premium e incluso participar en iniciativas vinculadas al mercado de carbono. “Hay operadores que realizaron importantes inversiones tecnológicas para utilizar biocombustibles con menores emisiones, mejorando su eficiencia y generando oportunidades para acceder a créditos de carbono”, indicó. El potencial paraguayo se sustenta en una amplia disponibilidad de materias primas, como soja, maíz, canola y caña de azúcar, además de una infraestructura industrial que incluye ingenios y plantas procesadoras. A ello se suma el creciente aprovechamiento de residuos, grasas animales y otros subproductos para la elaboración de biocombustibles, fortaleciendo los principios de economía circular. Mediciones y auditorías. Otro aspecto clave resaltado por el gerente de Certificaciones es la importancia de las mediciones y auditorías para mejorar los procesos productivos. “El primer gran paso es medir. Cuando las empresas comienzan a cuantificar emisiones, eficiencia y consumo, identifican con claridad las oportunidades de mejora y los caminos hacia una producción más sustentable”, sostuvo. Finalmente, Picco consideró que Paraguay reúne las condiciones para convertirse en un referente regional en energías renovables, siempre que logre mantener reglas claras e incentivos que acompañen el crecimiento del sector. “Paraguay tiene visibilidad y credibilidad internacional. El desafío es sostener políticas estables, fortalecer los incentivos y seguir ampliando la producción sustentable”, concluyó, destacando que la generación de confianza será un factor determinante para que el país continúe ganando espacio en un mercado global cada vez más orientado hacia las energías limpias. [Foto: Imagen ilustrativa / Gentileza Control Union]

Programas

“Hoy el recriador trabaja con márgenes muy ajustados y con un tipo de cambio desfavorable”

El encarecimiento del ternero y la desarticulación del mercado generan presión sobre los sistemas de recría y engorde, en un contexto de menor oferta ganadera. La reducción del hato ganadero no solo impacta en la disponibilidad de animales, sino que también genera fuertes distorsiones dentro de la cadena productiva. Para el Dr. Gustavo Brum Heyn, gerente de confinamiento de Mawes S.A., el actual escenario expone un desbalance en la distribución de márgenes entre los distintos eslabones. “El mercado hoy está desregulado. El criador está teniendo buenos resultados con el ternero, pero para el recriador la situación es muy complicada”, explicó en Nación Productiva. De acuerdo con su análisis, la relación de intercambio se deterioró significativamente en los últimos meses. “Hoy vendés un animal terminado y apenas podés comprar 1,2 terneros. Eso no alcanza ni para cubrir la reposición, mucho menos los costos del sistema”, advirtió. Este escenario obliga a replantear la estrategia productiva, especialmente en los sistemas de engorde. Una de las alternativas que gana fuerza es la producción de animales más pesados, apuntando a mejorar el rendimiento por cabeza y diluir costos. “Estamos trabajando para lograr carcasas de 320 a 340 kilos, en línea con lo que ya hacen países como Estados Unidos o Brasil. Ese es el camino para sostener la rentabilidad”, señaló. El contexto internacional también juega su papel. Mientras Estados Unidos enfrenta una reducción del stock vinculada al recambio generacional, y Brasil lidia con altos costos, Paraguay suma a la ecuación el impacto climático y el avance de la agricultura sobre zonas ganaderas. A esto se agrega un factor estructural que, según Brum Heyn, muchas veces queda relegado: el capital humano. “Se habla mucho de la falta de personal, pero no siempre se invierte en capacitación ni en condiciones de trabajo. Eso también afecta la eficiencia del sistema”, apuntó. En este escenario, el desafío pasa por entender la ganadería como un sistema integrado, donde cada decisión impacta en el conjunto. “No se trata solo de producir más, sino de producir mejor, con una estrategia que contemple el mercado, los costos y la eficiencia”, concluyó. [Foto: Gustavo Brum Heyn / Archivo / Productiva C&M]

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