La producción de soja en el centro-este de la región Oriental, durante la presente zafra, enfrentó desafíos climáticos y de enfermedades. El Ing. Agr. Ricardo Chamorro, socio-director de Kundaha I+D, dijo en Nación Productiva que la falta de lluvia y las altas temperaturas afectaron más a la soja tempranera. Mientras que la soja de octubre, ya podría tener cierta incidencia de enfermedades. Agregó que, a pesar de las precipitaciones importantes, en esta zona del país, el productor pudo realizar las aplicaciones en momentos adecuados, a diferencia de otras zonas productivas.
El profesional mencionó que en el centro-este de la región Oriental, en la zona de Caaguazú, hubo de grandes periodos de siembra, la tempranera, que fue a principios de septiembre y, la segunda etapa, en octubre.
La soja que más sufrió con la sequía fue la tempranera. Posterior a la pequeña escasez hídrica que afectó más a los primeros cultivos, según el profesional, el régimen de lluvia fue totalmente anormal. “Ahora lo que están cosechando las tempraneras, no está dando una producción muy elevada, un promedio normal, a todo lo que vino como consecuencia climática”, acotó.
Comentó que al principio no se registró ataque de ninguna enfermedad y que la presión de roya apareció en los últimos quince días. “Al principio, un poquitito de cercospora, pero muy poco, las primeras 3 o 4 aplicaciones no teníamos incidencia”, remarcó.
Resaltó que en la zona de Caaguazú no hubo mucha presión de enfermedades como en otras zonas productivas, si bien hubo algunas precipitaciones importantes, el productor pudo entrar a tiempo para realizar las aplicaciones. “Creo que fue una pequeña diferencia en comparación con otras regiones en que las precipitaciones fueron un poco más esporádicas. Entonces, le dio tiempo al productor a hacer el trabajo correcto”, acotó.
Subrayó que en la zona de influencia de Kundaha las pérdidas que se registran en las primeras cosechas, a diferencia de otros departamentos, se deben más las condiciones climáticas que a las enfermedades.
“Fueron por motivos climáticos, esa sequía con calor intenso que pasó en noviembre, que afectó bastante. Las cosechas que van a venir un poco más adelante, sí van a ver algún tipo de diferencia en rendimiento por la situación de enfermedad, ya sea por descuido o por momentos, ya que el productor no quiso más invertir, porque también hay un momento en que el productor no quiere más invertir o ya no ve más rentable”, explicó.
Agregó que esas parcelas entrarán a cosecha en estos días y que todavía no se puede cuantificar exactamente la merma de productividad, que podría estar entre 500 kilos a 1.000 kilos, pero que, aparte de la roya, hay otros factores como la aparición de insectos, como las chinches.
En cuanto a la zafriña, dijo que se presenta con desafíos importantes, ya que aparte de los productos se debe tener en cuenta la calidad de la aplicación. “Hablamos de manejo, tratamos siempre de hacer una rotación de productos activos, momentos ideales de adecuación, más que nada, de rotar las moléculas para que no haya una resistencia”, subrayó.
Resaltó que como trabajo interno de la empresa trabajan sobre situaciones de susceptibilidad. “Sobre todo de materiales susceptibles a triazoles, estamos enfocados hoy a ver cuáles son los materiales más susceptibles a los fungicidas triazoles, momento de aplicación, horario de aplicación y condiciones ambientales en la parte de aplicación, aparte de todo lo que tenemos ya como trabajo como consultora con las compañías que le están dando los trabajos de fungicidas”, concluyó.
[Foto: Ricardo Chamorro / Archivo / Productiva C&M]


