En Argentina, el trigo comenzó a ganar un rol inédito en la elaboración de alimentos balanceados, alcanzando en diciembre su mayor nivel de utilización en la última década. El fenómeno está explicado por una combinación de supercosecha, menor calidad panadera y una relación de precios favorable frente al maíz.
Según datos oficiales del país vecino, durante diciembre se destinaron 34.000 toneladas de trigo a la formulación de balanceados, un volumen que triplica el promedio histórico anual y que no se registraba desde diciembre de 2016. En términos relativos, el trigo utilizado como forraje pasó de representar menos del 2% de la molienda en las dos campañas previas a casi el 8% en diciembre, cuadruplicando su participación.
Entre los factores que explican este comportamiento se destaca, en primer lugar, la fuerte expansión de la producción triguera, que creció en torno a 10 millones de toneladas interanuales, generando una marcada presión de oferta. A esto se sumaron rendimientos récord en gran parte de las regiones productivas, lo que derivó en una caída del contenido proteico, atributo clave para la industria molinera y amplió el volumen disponible para uso forrajero.
No obstante, el elemento decisivo fue el comportamiento de los precios relativos. En el tramo final de la campaña maicera (diciembre–febrero), la demanda interna sostuvo el valor del maíz, que terminó ubicándose por encima del trigo. Durante diciembre, el diferencial llegó a alrededor de $ 26.000 por tonelada a favor del cereal triguero.
Este escenario abrió una oportunidad para la industria de alimentos balanceados en Argentina, que pudo reemplazar parcialmente el maíz por trigo, reduciendo costos sin resignar eficiencia productiva. Con un diferencial de precios que se mantiene favorable, los analistas no descartan que enero vuelva a mostrar un uso elevado del trigo en la alimentación animal, consolidando una tendencia que podría extenderse durante la campaña.
[Foto: Cosecha de trigo / Archivo / Productiva C&M]


