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Agricultura

Con rindes por encima del equilibrio, agricultura chaqueña recupera oxígeno tras años difíciles

Aunque la campaña 2025/2026 estuvo marcada por lluvias extremadamente irregulares y resultados muy dispares entre productores; los rendimientos obtenidos permitirán que gran parte del sector vuelva a cerrar el ciclo con números positivos. Para Carlos Passerieu, presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios para un Chaco Sustentable (APACS), la zafra representa un punto de inflexión, luego de varios años complejos y abre la puerta a una nueva etapa de crecimiento basada en la integración agrícola-ganadera. Passerieu definió la campaña como «bastante rara», debido a la marcada variabilidad climática que se registró en prácticamente todo el Chaco. Según explicó, las precipitaciones fueron muy irregulares, no solo entre distintas regiones, sino incluso dentro de un mismo establecimiento. En algunos casos se observaron diferencias superiores a 1000 kilos por hectárea entre lotes sembrados con la misma variedad y en la misma fecha. «Eso da una pauta de que las lluvias fueron más aguaceros localizados que precipitaciones generales», señaló. A esta situación se sumó un enero particularmente seco, que limitó las ventanas de siembra y obligó a muchos productores a trasladar parte de sus labores hacia febrero e incluso marzo. Como resultado, la cosecha también se presenta con realidades muy diferentes. Mientras algunos lotes están entregando rendimientos de entre 1600 y 1800 kilos por hectárea, otros alcanzan entre 2400 y 2800 kilos. «Hay gente muy contenta y hay gente no tan contenta. Los resultados están bastante dispersos este año», resumió. Actualmente, la soja (principal cultivo de la región) presenta un avance cercano al 50 % de cosecha, mientras que el maíz recién comienza a recolectarse en los planteos destinados a suplementación animal y confinamientos. En algodón y girasol, los trabajos todavía son incipientes. Las 150.000 hectáreas se habrían concretado. Respecto al área sembrada, el titular de APACS considera que la intención inicial de alcanzar unas 150.000 hectáreas fue cumplida e incluso podría haber sido superada. Si bien algunas zonas sufrieron restricciones por falta de humedad durante los períodos tradicionales de implantación, destacó que numerosos productores lograron sembrar incluso durante marzo. Además, valoró el aporte de las lluvias y lloviznas registradas entre abril y mayo, que permitieron mantener niveles adecuados de humedad en el perfil del suelo durante etapas decisivas para los cultivos. Una campaña que vuelve a dejar margen. Desde el punto de vista económico, Passerieu indicó que el punto de equilibrio en campos propios se ubicó entre 1100 y 1300 kilos por hectárea, dependiendo del planteo tecnológico aplicado. En áreas arrendadas, considerando alquileres promedio cercanos a los 100 dólares por hectárea, el umbral necesario para cubrir los costos se elevó a aproximadamente 1500 o 1600 kilos. Bajo ese escenario, considera que la gran mayoría de los productores logrará cerrar el ciclo sin pérdidas. «No se habla de mucha gente por debajo de los 1500 kilos. Yo creería que este año la gente o va a empatar o va a ganar plata; va a haber muy pocos que pierdan», afirmó. Incluso sostuvo que aquellos casos que registren resultados negativos probablemente estén asociados a problemas específicos de manejo o planificación técnica. Recuperar años de pérdidas llevará tiempo. El dirigente recordó que la agricultura chaqueña viene atravesando varios años consecutivos de resultados ajustados e incluso negativos, por lo que esta campaña representa una oportunidad para comenzar a recomponer la situación financiera del sector. Sin embargo, advirtió que una sola zafra favorable no será suficiente para recuperar completamente las pérdidas acumuladas. «Es difícil recuperar tres o cuatro años de pérdida con una sola campaña», expresó. Aun así, destacó que gracias a los refinanciamientos otorgados por las empresas proveedoras de insumos, muchos productores lograron sostener la actividad durante los años más complicados y ahora podrán avanzar en la regularización de parte de sus compromisos. Según indicó, esto permitirá generar mayor oxígeno financiero tanto para los productores como para las empresas vinculadas a la cadena agrícola. Integración con la ganadería. Al proyectar el futuro de la agricultura chaqueña, Passerieu considera que el principal potencial de crecimiento no está en aumentar la superficie mediante nuevos desmontes, sino en fortalecer los modelos de integración agrícola-ganadera. A su criterio, existen numerosas áreas ganaderas con pasturas degradadas o de baja productividad que podrían incorporarse temporalmente a sistemas agrícolas mediante esquemas de arrendamiento. «El agricultor no va a dejar de cubrir las áreas que tiene. La única posibilidad de que la agricultura crezca dentro del Chaco es en la integración agrícola-ganadera», sostuvo. Explicó que muchos ganaderos enfrentan altos costos para sostener pasturas degradadas con retornos limitados, mientras que existe una importante demanda de tierras por parte de productores agrícolas. En ese contexto, considera que los acuerdos entre ambos sectores permitirían generar ingresos adicionales para los establecimientos ganaderos, producir recursos forrajeros y ampliar la superficie agrícola sin necesidad de avanzar sobre nuevas áreas. Para Passerieu, allí se encuentra una de las principales oportunidades de desarrollo para la próxima etapa de crecimiento productivo del Chaco. [Foto: Carlos Passerieu, stand de Productiva TV / Productiva C&M]

Agricultura

Integración agrícola ganadera permite aumentar la carga animal en el alto Chaco

La agricultura aporta granos, eficiencia y mejoramiento de suelo, lo que posibilitó a muchos establecimientos a pasar de 0,5 o 0,7 unidad ganadera por hectárea a 1,5 e incluso 2,25 cabezas. Además de impulsar el uso del feedlot como herramienta clave para la eficiencia ganadera, sacando más kilos por hectárea, mencionó a Productiva el Ing. Agr. Celso Muxfeldt, presidente de la Asociación Agropecuaria de Agua Dulce (APAD). Subrayó que esta integración se mostrará en la salida de campo del 26 de junio, donde se verá pastoreo rotativo intensivo integrado con agricultura, reflejando cómo ambos rubros se respaldan para potenciar la producción en el alto Chaco. La integración agrícola-ganadera se consolida en el Alto Chaco y permite mejorar la carga animal en el campo, además de impulsar el uso del feedlot como herramienta clave para la eficiencia ganadera, destacó el presidente de la APAD. El productor resaltó que la agricultura llegó para instalarse en la zona brindando mucha eficiencia en el sistema productivo. “Nos da granos, nos da eficiencia, nos da mejoramiento de suelo, en la zona existen muchos productores que están implementando la agricultura y es muy importante para la ganadería”, expresó. Enfatizó que la integración agrícola ganadera permite mejorar la carga animal, con experiencias muy positivas en la región. “Pasar de 0,5, o de 0,7 de carga animal por hectárea a 1,5, algunos productores ya están en 2,25 inclusive. Además, la introducción de la herramienta del feedlot, del engorde intensivo en corral, se están realizando gracias a los granos” subrayó. Señaló que hay tres grandes feedlots en la zona y se están instalando dos más. “Entonces la terminación del animal se hace en 20, 22 meses, realmente eso nos deja el campo más eficiente y podemos lograr sacar más kilos por hectárea”, acotó. En ese contexto, el titular del gremio, mencionó que la asociación, desde el año pasado, implementó la salida de campo, sumándose de esa manera a la tradicional feria ganadera que se viene realizando desde el año 2018, con el objetivo de mostrar las innovaciones que se vienen aplicando en la zona. La salida de campo tendrá lugar el próximo 26 de junio y al día siguiente el tradicional remate ganadero. “El año pasado vimos el pastoreo rotativo intensivo regenerativo. Este año vamos a ver en la Comarca el mismo pastoreo, pero integrado con la agricultura y con terminación en feedlot. Entonces es más tecnológico, ellos hacen un cambio de rotación por hora, los productores de la zona también quieren conocer. Además, vamos a conocer y recorrer las instalaciones de Bahía Rica. Las ganaderas más tradicionales de la zona”, acotó. Explicó que estos establecimientos son engordadores, por lo que se va a ver el protocolo de recepciones de los desmamantes, la suplementación, el paso a paso de la recría hasta llegar a la terminación. Muxfeldt comentó que los productores del alto Chaco se agremiaron hace 11 años y desde el 2018 vienen realizando la feria de Agua Dulce, para mostrar todo el potencial productivo de la región. “Muchos nos preguntan por qué hacemos a 800 kilómetros de Asunción. Nosotros apostamos a hacer allá para la integración de los productores, para la eficiencia, un engordador puede comprar de su vecino que es criador, propiciar ese encuentro, ese saber quién es tu vecino, qué está innovando, con qué se equivocó. Todo esto genera esta feria agropecuaria”, acotó. Explicó que la unidad zonal de Agua Dulce del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) abarca Agua Dulce, Bahía Negra, Lagerenza y Gabino Mendoza. “Sumado a todos esos animales ya estamos en 600.000 cabezas”, manifestó y agregó que la proyección es duplicar la cantidad de rebaño para los próximos años. Subrayó que la región tiene un potencial enorme y que la integración agrícola ganadera permite una eficiencia productiva, donde ambos rubros se respaldan mutuamente. “Nosotros apostamos hace más de 20 años al Chaco Paraguayo y le invitamos a todos a creer que Paraguay puede seguir creciendo sosteniblemente y puede crecer allá en el norte del Chaco”, concluyó. [Foto: Ing. Agr. Celso Muxfeldt / Productiva C&M]

Agropecuaria

Precios de ganado en alza y buenos rindes de la soja motivan a productores de Canindeyú

La Expo Canindeyú se desarrolla en un escenario favorable para la producción agropecuaria. La feria cuenta con más de 180 empresas y 400 animales a bozal. En un contexto donde el precio del ganado gordo ronda los USD 4,90 el kilo carcasa y la reposición del ternero registra valores históricos, además, los rindes promedios de la soja se mantuvieron por encima de los 4000 kg/ha, expresó a Productiva el Dr. Elizardo Maldonado, presidente de la ARP Regional Canindeyú. Agregó que la región se caracteriza por la integración agrícola-ganadera y se proyecta un crecimiento en la producción de cerdos. Maldonado resaltó que la feria, luego de la pandemia y de los años complicados por la escasez hídrica, empezó a levantar vuelo, dentro de un ambiente que es totalmente distinto. “Nosotros vinimos de una pandemia que no supimos asimilar bien y estamos levantando vuelo”, remarcó. Agregó que los dos años de sequía impactó mucho en la economía de los productores, pero hoy se vive un escenario distinto. “Nosotros tenemos casi 180 empresas instaladas dentro de lo que es el predio. Tenemos hoy en día 400 animales dentro de los galpones de animales de bozal. La nelore trajo 165 animales, desde distintos puntos del país”, resaltó. La Expo Canindeyú se desarrolla dentro de un escenario de negocios ganaderos inmejorable, con una fuerte demanda de reposición y valores de la hacienda gorda para frigoríficos rondando los cinco dólares. En ese sentido, el titular de la ARP, resaltó que en el marco de la exposición se realizarán dos subastas, en una de ellas ya se concretaron muy buenos negocios y la otra está prevista para este fin de semana donde también se aguardan buenos números. En el sector agrícola, el buen desarrollo de la campaña de soja en la zona también permitió una cosecha por encima de los 4000 kilos por hectárea en promedio. “Me enteré que casi 4500 kilos fue la media de producción de soja por hectárea, los precios también están mejorando y ayudando. Y en ganadería, hoy el animal, cuesta USD 4,90 el kilo carcasa en el frigorífico”, destacó. En ese sentido, enfatizó que la reposición registra valores históricos. “Hoy en día un desmamante está saliendo G. 4.500.000. El año pasado estaba con G. 2.800.000, G. 3.000.000. Yo creo que eso influye mucho en la economía y en el dinamismo productivo de toda la zona”, subrayó. Explicó que el departamento de Canindeyú se divide en dos partes: la zona baja, que abarca las regiones de Curuguaty, Ypehú y Villa Ygatymi, donde la producción pecuaria se enfoca más en la cría y, la zona alta, donde se encuentran las grandes producciones de granos y los productores se dedican más a la terminación de animales en corral. “Hace que nosotros agarremos los terneros, tenemos granos baratos acá en la región y lo terminemos en batea. Eso lleva prácticamente a la industrialización, la industrialización de los granos”, enfatizó. Agregó que Canindeyú se caracteriza por la integración agrícola ganadera y que actualmente se acopla también la producción de cerdos, con una industria que está en proceso de construcción en la zona de Katueté. “El productor que está produciendo maíz ya puede engordar y vender como carne su maíz. Son procesos que tenemos que ir haciendo para que nuestro país crezca y también la parte social”, acotó. Finalmente, dijo que desde la regional Canindeyú trabajan para abrir la primera filial de la Universidad Rural del Paraguay (URP), dependiente de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), en el interior del país, y que es una apuesta muy importante por los jóvenes y el futuro del agronegocio paraguayo. [Foto: Dr. Elizardo Maldonado / Productiva C&M]

Agricultura Ganadería

Rotación entre soja y pastura otorga triple beneficio

La rotación entre la soja y la gramínea, que luego es aprovechada por el ganado, genera un triple beneficio, porque permite el descanso de la pastura permanente de la unidad productiva en invierno, la ganancia de peso de los animales en épocas difíciles y el reciclado de nutrientes para el área agrícola, mencionó a Productiva Jesse Weaver, directivo de la Hacienda Weaver, establecimiento ubicado en la zona de Chirigüelo, departamento de Amambay. Agregó que en esta campaña fueron sembradas 100 hectáreas de la variedad marandú en campos agrícolas y se llegó a una carga de cinco unidades ganaderas por hectárea.   El productor explicó el modelo rotacional que se viene implementando dentro de la unidad productiva, donde a la soja tempranera se le da secuencia con el cultivo de maíz dentro de una ventana ideal, la siguiente ventana es destinada al sorgo granífero y la última ventana de siembra de la entrezafra se queda para la Brachiaria soltera, que luego es destinada a la ganadería.   «Normalmente, se usa la Brachiaria ruziziensis, pero nosotros optamos por la variedad marandú porque es más fuerte, tiene raíces más profundas y agresivas. Además, aguanta más el pisoteo de los animales», aseguró.   Asimismo, destacó que la Brachiaria marandú tiene una adaptación muy buena a la zona y más flexibilidad en cuanto a la fertilización. Además, su rastrojo es más fuerte y tarda más en deteriorarse, y sirve como una cobertura de paja para el siguiente cultivo, que es la soja nuevamente.   «También permite usar herbicidas como el metsulfurón, que controla malezas de hojas anchas, por lo que conviene para el caso de la soja por el tema de la buva», remarcó. Una vez que la gramínea toma fuerza se concreta el proceso de integración con el pastoreo directo con los animales.   Weaver aseguró que este manejo permite una triple ganancia, porque a las pasturas permanentes, que sufren más el impacto del clima, se les otorga un descanso, mientras que las parcelas agrícolas reciben el estiércol bovino, al tiempo de que el ganado controla la masa de la Brachiaria para que no pueda acarrear problemas de plantabilidad, y se engorda el ganado en una época en la que, generalmente, pierde peso.   «Es un sistema donde una parte del campo destinamos a esa modalidad y la idea es ir rotando en un sector de la estancia que permita la facilidad en relación con el alambrado y el manejo de los animales», señaló.   Comentó que los animales disponen de la pastura entre 60 a 90 días, dependiendo de la programación de la siembra de ese año, pero que le da la posibilidad de poder extender. «Una toma de decisión que se puede hacer sobre la marcha, dependiendo de cómo está la pastura permanente y la carga de los animales, y la planificación del cultivo de la soja u otro cultivo que se puede hacer en verano», expresó.   Weaver sostuvo que en esta campaña se destinaron 100 hectáreas para el cultivo de pastura. «Normalmente, el cultivo permite una carga de 5 animales por hectárea; si son años buenos, solemos hacer la fertilización. La fertilización de la soja ya hacemos en el cultivo de Brachiaria, hasta alzar la carga a 7 u 8 animales», resaltó y agregó que lo ideal sería trabajar con animales de terminación, pero la situación de cada campo abre un abanico de posibilidades para la toma de decisión.   «Este año, básicamente, hicimos hacienda general, tratamos de alienar todos los campos ganaderos, eso permite que cuando tomemos la decisión de desecar y sacar los animales del área agrícola, las pasturas permanentes ya estén otra vez recuperadas», afirmó.   Recalcó que este es un manejo integrado para la pastura permanente, el animal y los cultivos de parcelas agrícolas. Agregó que se viene trabajando con una fertilización dirigida con mapeo. “Entonces, hacemos al voleo y solemos adelantar la fertilización en invierno para que la propia pastura vaya aprovechando y como es pastoreo directo, hay un reciclado de nutrientes con los residuos de los animales en las parcelas”, aseguró.   Finalmente, señaló que el impacto de los pisoteos de los animales en las parcelas agrícolas es mínimo y que se puede manejar correctamente con una desecación en tiempo y forma.   [Foto: Jesse Weaver / Productiva C&M]    

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