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Entrevista Revista

“Creo que trabajar en el campo es algo que da mucha satisfacción”

Jéssica Medeiros Giacomelli es la protagonista en esta edición de Revista Productiva. La productora de Mbaracayú, Alto Paraná, recuerda cómo su familia debió superar varias dificultades al instalarse en Paraguay en 1967. Ella enfrentó la pérdida temprana de su padre y su inspiración para elegir la carrera de Agronomía fue su madre, quien con un gran compromiso continuó con el trabajo de campo. Ficha personal Jéssica Medeiros Giacomelli es productora e ingeniera agrónoma. Su abuelo migró a Paraguay y desde aquel entonces la familia comenzó a trabajar en el país. Hoy, como parte de la tercera generación que produce en Paraguay, ella está comprometida con su familia, con su pueblo, con el país. Una mujer tranquila, pero con convicciones sólidas, trabaja en la región de Mbaracayú, Alto Paraná, donde pudo construir un espacio de progreso para ella y su familia. ¿Qué recordás de tu infancia? Yo tengo muchos recuerdos. Creo que hoy las cosas ya son un poco diferentes. Hay una cierta facilidad en algunas cosas, pero, por, sobre todo, recuerdo mucho a mi papá que siempre ha trabajado con máquinas pequeñas y era todo más sufrido. Mi padre falleció cuando yo tenía 10 años. Mi hermano tenía 14 años. Era una época en la que íbamos a empezar a trabajar y ahí él falleció. Mi mamá empezó a cuidar de todo sola y mi hermano, que era muy joven, después comenzó a ayudarla. ¿Cuándo comenzaste a relacionarte más con el agro? Antes de ocurrir lo de mi padre, yo no pensaba en hacer Agronomía, pero me vino a la cabeza para ingresar a la universidad y estudiar esta carrera. Ahí pensé que hacer y me preguntaba: ¿debería hacer algo aquí dentro? Yo creo que el mayor desafío era cómo seguir, porque no teníamos las máquinas y las tecnologías que tenemos hoy. Además, no era tan fácil producir bien, porque no existía tanta tecnología. ¿Qué representa tu madre para vos? En principio, iba a estudiar Derecho, pero mi mamá me inspiró a seguir el camino del agro, sobre todo cuando veía que ella enfrentaba todas las cosas en la familia o en la chacra. Después de un tiempo, ella volvió a casarse y su marido comenzó a ayudarle a emprender nuevamente el trabajo de campo. Cuando terminé la facultad ella me dijo que era el momento que debía ocuparme del campo. Yo amo estudiar, pero también me gusta el campo, porque cada año viene una nueva tecnología y eso necesita actualizarse. ¿Cómo sos como persona? Soy apasionada por lo que hago. Creo que trabajar en el campo es algo que da mucha satisfacción, porque es un trabajo a cielo abierto. Siempre estás viendo cosas nuevas, vivenciando cosas nuevas y estás aprendiendo constantemente. ¿Alguna vez te sentiste inferior en este ámbito del agronegocio por ser mujer? Muy pocas veces me sentí tal vez con cierta indiferencia, un poco de discriminación. Antes que, por ser mujer, incluso más por ser descendiente de brasileros, pero, en realidad, mi familia proviene de Italia. Tal vez en una primera impresión afecta, pero luego uno comienza a superar. ¿Recordás una anécdota que tuviste que pasar aquí? Queda en mi mente cómo mi abuela contaba que vivían en el medio de una selva y que su casa tenía grietas en la pared. Ella hablaba que a veces escuchaba al jaguarete y dijo que cuando vino trajo una vaca, en la mudanza, junto en el camión, porque tenía a sus hijos pequeños. Entonces, esa leche que se ordeñaba era para autoconsumo. Ellos pasaron muchas cosas aquí en Paraguay. Otra situación que recuerdo es que cuando terminé la facultad mi mamá me llamó, se sentó a mi lado y me dijo: «Bueno, ahora vos vas a cuidar de toda la parte agronómica y quiero que empieces». Y yo me quedé una semana sin dormir pensando: «Mi Dios, ¿será que voy a conseguir?». Pero gracias a Dios, hasta hoy estoy aquí ayudando. Creo que, como yo había dicho, el miedo a veces es bueno porque hace que tengas más precaución, que no hagas las cosas impulsivamente [ríe]. ¿Cómo lograste estudiar? Yo siempre viví en Paraguay, siempre estudié aquí. Tuve mi primer hijo muy joven. Paré de estudiar por eso. Ahí después volví a estudiar otra vez a la noche, para no perder tiempo. A mí me gusta mucho Paraguay; es mi casa. Yo me casé en el año 2014. De ese matrimonio tengo una hija también. Ahora mi hijo mayor tiene 18 años y mi hija, tres. Tampoco fue nada fácil. ¿Cuáles son los valores que te caracterizan? Yo creo que es la honestidad. Mi mamá siempre me enseñó a ser franca y verdadera con las personas. Siempre me enseñó esto: lo que es tuyo, es tuyo; lo que es mío, es mío. Otro valor es el respeto al prójimo. Por eso considero a mi mamá como una persona muy sabia. Ella sabe conversar, ella me enseñó muchísimo y hasta hoy me enseña. Ella sigue trabajando en la parte administrativa de los granos, en las ventas. ¿Cuál fue el momento más difícil y el más feliz que experimentaste en la vida? Yo creo que la situación más complicada fue la muerte de mi papá. Yo tenía solamente 10 años. Mi mamá a veces se quedaba sola y pensativa y no sabíamos qué hacer para ayudarla. Y la tristeza también de haber perdido tan temprano a nuestro padre. Creo que ese fue el momento más triste que pasamos. Por otro lado, son muchos momentos felices, pero creo que el nacimiento de mis hijos y cuando me casé también son los mejores. Tengo un compañero que me ayudó mucho. Una buena zafra también es un momento muy feliz, cuando Dios nos ayuda con buenas lluvias. ¿Qué recordás de tu padre? Cuando yo era criatura, por ejemplo, hacía un carrito de madera para que nosotros jugáramos. Jugaba mucho con nosotros. Él era una persona muy feliz. Son esos mis recuerdos junto a él. Siempre alegre, feliz. Él era una persona muy buena.

Entrevista Revista

“Comencé con 1.5 ha de tierra y trabajé bastante hasta convertirme en presidente de la cooperativa”

Ernst Goerzen es el productor invitado en esta oportunidad. Él es un libro abierto de experiencias cargadas de sacrificio, entereza, compromiso y disciplina para alcanzar sus logros. Desde aquellas 1.5 hectáreas con las que inició su tarea de campo hasta convertirse en el presidente de la Cooperativa Volendam, sorteó innumerables situaciones. En esta edición conoceremos más su amplia trayectoria. Ficha personal Ernst Goerzen nació en Paraguay en el año 1954. Estudió en Asunción y tras varios de sacrificio, volvió a su colonia natal, Volendam, para comenzar a emprender un camino de éxito, basado en el esfuerzo y la dedicación. Se convirtió más tarde en el presidente de la Cooperativa Volendam, cargo en el que permaneció ochos años. Hoy sigue disfrutando junto a su esposa del trabajo de campo y ayuda a los más jóvenes a proyectarse en el ámbito profesional Don Ernst, muchas gracias por recibirnos en su casa. Coméntenos cómo fueron sus inicios, por favor. Nací en 1954 acá en Paraguay. Y después del colegio me fui a Asunción a estudiar un poco más. Después, volví. Siempre fui patriota y me importó siempre ese aspecto. Entonces, trabajé desde un comienzo, de muy joven, porque nos abandonó nuestro padre. Con 10 años comencé a trabajar en las vacaciones y así comenzamos. Con una hectárea y media de tierra comencé a trabajar acá en la colonia. Y sigo hasta hoy. Trabajé para la cooperativa en algún lugar, en algún puesto, hasta que fui presidente de la Cooperativa Volendam por ocho años. Sabemos que la colonia es bastante conservadora. ¿Cómo hizo para buscar una oportunidad de estudiar fuera de ella? La colonia era muy cerrada, pero muchos jóvenes comenzamos a salir afuera a estudiar. Luego, volvimos y desde allí se comenzó a abrir un poco más. Se contrató gente de afuera, gente con estudios, gente profesional. Cuando asumí la presidencia tuve algunas dificultades, pero traje, sobre todo, gente para la escuela, maestros para enseñar dentro de la colonia. Coméntenos cuáles eran las limitaciones que había en la colonia para movilizarse. ¿Cómo lo hacían? Nuestros padres eligieron vivir aquí y el río fue la vía para conectarnos, porque no había caminos. Tampoco teníamos salida para ir a Asunción, por ejemplo. Entonces, solamente teníamos el río para movilizar la mercadería, el gasoil y todo lo que venía hasta el año 1975. Teníamos nuestro acceso al puerto, que quedaba a 18 km de la colonia y cuando llovía quedaba intransitable. Y se clausuraba, lógico, no había paso, cuando llovía. Entonces, fue difícil. ¿Cómo se manejó en tu época de estudiante? ¿Recibió algún apoyo? En esa época, el estudiante que salía, si no tenía medios propios, nadie le apoyaba. Entonces, yo busqué un trabajo en Asunción. Al comienzo vendí queso y huevos en el Mercado Nº 4. De noche estudiaba en el Colegio Comercio Nº 2, que era del Gobierno. Después pasé a la universidad, pero trabajando de día y estudiando de noche. Y la mayoría lo hacía de esta manera. No había otra forma; no es como hoy, que se le paga al estudiante su estadía y demás, sino antes era a puro pulmón. ¿Cómo sobrellevaba el trabajo con el estudio? Yo siempre quise estudiar Economía, desde chico. Entonces, yo dije: «Voy a probar, voy a ir a sufrir, pero voy a trabajar». Ganaba G 7000 mensuales y gastaba G 3500 en la pensión. Y después, libros, vestimenta y un poco de cerveza [ríe]. En Asunción recibí muchas ofertas para trabajar, pero siempre fui patriota y yo dije: «No, yo quiero volver a la campaña. La vida en Asunción no me va a traer futuro». Entonces, volví un día, cuando terminé mi estudio. Volví y comencé a trabajar acá en forma particular, primero para otros, después compré un tractor y así seguí progresando de forma particular. ¿Cómo arranca la vida de productor? Fue muy difícil. Comencé a trabajar con una hectárea y media. Cuando eso, todos sabemos, que había apoyo para el desarrollo y yo no tenía miedo de los créditos. Como estuve en Asunción, tenía algunas relaciones, conseguí un crédito para comprar maquinarias. Y así compré también tierra muy ventajosa y me asocié a mi hermano cuando aún vivía. Entonces, formamos una sociedad y comenzamos con 30 vaquillas a crédito. Así también comenzamos con la agricultura. Y eso fue en la época cuando la inflación era muy grande. Y entonces, nosotros no teníamos miedo de agarrar del Banco de Fomento, del Fondo Ganadero. Y así comenzamos a trabajar, hasta que llegamos a tener una buena cantidad. ¿Desde cuándo comenzó a trabajar en la cooperativa? En la cooperativa trabajé siempre, como cuando estaba en la escuela con 14 años, ya en vacaciones, de pintor, de albañil. Lo que había hacía, pero en las vacaciones. Después fui chofer de camión y hacía de todo: embolsaba, embarcaba, limpiaba maíz e inclusive, llegué a trabajar en la arrocera. Nunca faltó trabajo, porque no tenía miedo de trabajar. Entonces, la gente esperaba que yo estuviera libre para que le ayude. Cuando volví de Asunción, estuve integrando distintas comisiones, como la Junta de Vigilancia, con 21 años. Fue la primera vez en la historia que la cooperativa estuvo bajo control. Tuve muchas dificultades, pero llegué al Concejo. Yo dije: «Nunca voy a ser presidente, no quiero». Pero llegado el momento, agarré el puesto por ocho años. Creo que dejamos una huella profunda. Trabajamos muy bien con un equipo que yo mismo formé y hablé con la gente, «vamos a trabajar» – les dije. Y con eso estuvimos trabajando ocho años. ¿Cuáles fueron los momentos más difíciles? Los últimos cuatro años fueron los más difíciles. En este tiempo, en nuestra zona tuvimos una sequía tremenda. Y, por ejemplo, en soja nunca se cosechó 700 kg en promedio. Y no era soja, era basura. Sin embargo, nunca nadie tuvo en cuenta una zona que no recibía lluvias. Entonces, no tuvimos ayuda de ningún lado. ¿Cuáles fueron los principales valores que le acompañaron en este tiempo? No mentir, trabajar y respetar al

Ganadería

“Mi familia es el motor que me impulsa para seguir haciendo cosas”

El Ing. Agr. Víctor Medina, productor y empresario, es nuestro protagonista en esta edición de Revista Productiva, en donde habla de su formación personal y profesional, cuáles son sus sueños y desafíos y recuerda anécdotas de su vida, que tiene a su familia como el motor que impulsa la ejecución de acciones productivas.    Ficha personal Víctor Medina es ingeniero agrónomo y cuenta con un posgrado en Agronegocios. Se desempeña, actualmente, como director en la empresa Control Union Paraguay y lleva adelante un emprendimiento ganadero en suelo chaqueño. Es proactivo y promueve el desarrollo de la producción sostenible, por lo que hoy en día comparte varios grupos de trabajo ligados a la producción agropecuaria.   Gracias por recibirnos, ingeniero. Comentanos cómo estaba constituida tu familia. Gracias a ustedes por visitar nuestro lugar de trabajo. Bueno, somos una familia numerosa constituida por mis padres que, gracias a Dios, están con vida, y mis cuatro hermanos. Todos somos de casa salesiana, por lo que estamos siempre con el espíritu de servir con alegría y, sobre todo, con compromiso en las cosas que hacemos y nos apasiona.   ¿Qué recordás de tu vida de niño? La formación que hemos recibido de nuestros padres fue bastante importante y vemos que los cinco hermanos fuimos formados en un ambiente de alegría y de lucha. Pasamos también momentos difíciles, pero también de mucha felicidad. Lo que sí debo destacar como aprendizaje es la capacidad de superar las adversidades que se nos presentan.   ¿Cómo nace tu vínculo con el campo? Uno, realmente, a los 14 o 15 años no tiene claro qué va a seguir o hacia dónde va a apuntar. Pero por cosas de la vida, mi padre cambia de rubro. Él tenía una empresa constructora y tras un arreglo comercial, accede a un campo que estaba en la zona de San Pedro del Paraná, que estaba orientado a la producción agrícola-ganadera. Bueno, comencé a viajar con él y desde aquel instante me picó el bichito de querer hacer algo productivo en la vida. Por eso elegí Agronomía, porque me gustaba mucho más el trabajo de producción. Me dicen muchas veces «¿Y por qué no veterinaria?», porque después trabajé mucho tiempo en los frigoríficos. Y la verdad que no, no elegí veterinaria porque me parecía que era algo que no creía que podía hacer.   Esa transición de la vida, de la formación académica al inicio del trabajo ¿cómo la sentiste? Al inicio fue muy complicado. Seguíamos de mucha fiesta, terminaba el colegio, empezaba la facultad, pero después fui tomando el compromiso. Inclusive ya en el último año de la carrera, el ingeniero Rodolfo (Heyn) a mí me llevó para ser su ayudante de cátedra. Y ahí también me inicié en una nueva etapa, que era la de empezar a ser profesor o ayudante de cátedra. Muchos aprendizajes he recibido en el campo, junto a mi padre o importantes referentes, que han complementado la facultad.   ¿Recordás el momento más difícil de tu vida y el momento más feliz? Un momento difícil no hay, son muchísimos [ríe]. Pero por suerte hay muchos felices también. Pero uno que recuerdo ahora, justamente, en el campo de papá, cuando tenía 18 a 19 años. Tuvimos problemas en esa zona, porque había bastante abigeo. Y papá, en su momento, lo que hizo fue desviar un camino vecinal que se usaba. Pensábamos nosotros que era vecinal, pero era el camino que usaba el abigeo, porque cuando entró papá ese campo estaba medio dejado. Empezamos a tener problemas con los “vecinos”, y en un momento, tenía ya amenazas papá. Seguimos nosotros en la producción y en un momento estábamos en la casa, que estaba más o menos a 150 o 200 metros del corral y la ventana de mi pieza daba hacia el corral. Alrededor de la medianoche me despierto y veo que se está prendiendo fuego en el corral. Y cuando tratamos de movernos, vemos que había gente activando ese fuego y bueno, empezó prácticamente una balacera con esa gente. Entonces, fue algo a lo mejor inconsciente de mi parte. Fue muy difícil, realmente.   Otra cuestión difícil fue también cuando vinimos a explorar el Chaco con el señor Patricio Fraser, mi socio. Fue complicado al principio, con la sequía, con los precios. Pero esa historia difícil concluye con resultados satisfactorios, porque nos ayudó a mejorar, a ser resilientes y a buscar elevar la productividad. Efectivamente, tuvimos una preñez y unos terneros, después, que nos elevaron el ánimo. Es así el campo, te presenta situaciones adversas, pero luego viene la satisfacción.   ¿Tenés sueños por cumplir? ¿Si tengo sueños? Tengo muchísimos y espero seguir teniéndolos porque si después no tuviera sueños, capaz que ya terminó la vida [ríe]. Hoy estoy tratando de ponerme metas con plazos más lógicos. Tengo la gracia de tener estabilidad económica, que no deja de ser importante. Tengo salud, con ciertas condiciones. Me operé varias veces de diferentes cosas, pero estamos bien. Y, sobre todo, tengo una familia, una señora y cuatro hijos que son espectaculares, que son el motor para seguir haciendo cosas.   Un mensaje final para tus colaboradores, tu enforno familiar y también la sociedad, que en algunos casos tiene prejuicios sobre la actividad agropecuaria. El grupo humano que tengo aquí en la estancia o en Control Union es magnífico. Espero que podamos seguir creciendo y que nuestra gente también siga mejorando.   A mi familia, agradecerles. A ellos también les tocó vivir este proceso de desarrollo de este campo. Les tocó descargar maíz, camiones de maíz y repartir balanceados en el confinamiento. En el periodo de pandemia vinimos y nos encerramos aquí y pasamos muchas situaciones que nos ayudaron a unirnos más.   A la gente, en general, yo no sé si tengo la capacidad de decirles qué hacer, pero sí les puedo invitar a que vengan a ver, que nos acompañen, que vean al productor, sobre todo con ojos diferentes. No es lo que se dice. Muchas veces se ataca

Agricultura

“Trabajo en el Chaco porque soy amigo de los desafíos”

Ronny Hoeckh, productor chaqueño, nos recibió en la lejana región de Infante Rivarola para compartir su historia de vida marcada, principalmente, por la capacidad que tuvo de perforar más de 1000 pozos en suelo chaqueño para el desarrollo de la producción agropecuaria. En esta edición nos habla de sus inicios, desafíos y sus sueños.   Ficha técnica Ronny Hoeckh es un productor chaqueño que se dedica a la apertura de pozos en el Chaco paraguayo, tanto para fines agrícola como ganaderos. Según se estima, habilitó más de 1000 pozos en esta región del país y con ello les dio la oportunidad a los productores y a los pobladores en general de acceder al agua. Ronny nació en Alemania, pero sus padres, si bien se conocieron recién allí, nacieron en Paraguay y vivieron aquí inicialmente. Es afable, pero exigente en su vida cotidiana, aspectos que le brindaron la posibilidad de compartir con mucha gente, dentro y fuera del mundo agropecuario. Ronny encabeza con su empresa el desarrollo de la producción agrícola en una región del Chaco, en donde hasta hace algunos años era utópico pensar en la expansión de la agricultura.   Don Ronny, muchas gracias por recibirnos. Para arrancar, quiero irme un poco a tus raíces. De niño, ¿cómo estaba conformada tu familia? ¿Dónde naciste? Gracias por visitarme aquí en el campo. Bueno, mis padres nacieron en Filadelfia, Chaco, pero se mudaron a Alemania y se conocieron allá. Nací en Alemania, pero cuando yo tenía tres años vinimos a Paraguay de vuelta. Vivimos un año en Itauguá, otro año en Ypacaraí, en donde hice mi primer grado y después nos mudamos a una colonia menonita hacia Caaguazú, que se llama Tres Palmas. Ahí nos criamos, hicimos los primeros años de escuela y el quinto y sexto curso hice en Asunción. Luego de Asunción ya vinimos al Chaco.   ¿Cómo fuiste asimilando tanto movimiento a tu corta edad? Nunca lo vi como un problema, o sea, más bien creo que formó también parte de mi personalidad. No tengo problema con la gente; con gente nueva puedo hablar, es decir, con quien sea. Desde niño conocí mucha gente, gané amigos, conocidos y así fui ganando espacio.   ¿Tiene hermanos? Tengo un hermano y una hermana, y los dos viven en Filadelfia. Mi hermano trabaja con el agua también, tiene una red de distribución y mi hermana está casada con un ganadero.   ¿Cómo fue la crianza con ellos? Y bien peleada, como todas las crianzas. Bastante bien, creo que sin problemas mayores.   ¿Cuándo se da la posibilidad de orientarte hacia lo que fue tu profesión, finalmente? Nosotros empezamos con muchas cosas. Tenía al comienzo maquinaria, topadora, limpiábamos lotes, teníamos tractores, hicimos tajamares. Después ya empezamos con los pozos, que descubrí que me gusta mucho ese trabajo y tuvimos ciertos éxitos también y pudimos sumar algo de platita también, como para ir comprando terrenos y empezar este proyecto que me gusta muchísimo también.   ¿Recordás el primer pozo que hiciste? ¿Cómo fue? Sí, me acuerdo. Sí, muy estresante. Casi en el primer pozo ya quería tirar la pala, porque era dificilísimo. No teníamos éxito. Tuvimos años muy difíciles, porque la construcción del pozo, uno puede tener una máquina, parece que es fácil, pero no es muy fácil, pero gracias a Dios pudimos aprender y progresar. Creo que le hemos ayudado a mucha gente con pozos y muy orgulloso de eso.   ¿Qué pensabas cuando tuviste tus primeros casos de éxito y la gente te comenzaba a llamar? ¿Qué le respondías? Era fantástico, porque en aquel entonces económicamente estábamos muy frágiles y que alguien llame y quiera tu servicio nos llenaba de mucha alegría y eso nos dio siempre la fuerza también para seguir.   ¿Cuáles son los valores que recibiste de tu familia? Sí, la familia creo que en toda sociedad es una parte muy, muy importante. Siempre hay peleas, disgustos, pero lo importante es solucionar esos problemas. Yo valoro mucho la familia y creo que es importante para toda la sociedad. Y en ese sentido, destaco las enseñanzas de mis padres en el valor de la honestidad y la transparencia.   ¿Cuándo se da la posibilidad de sumarle la agricultura a tu actividad laboral? Antes de que yo empiece la perforación, ya teníamos un campo con ganadería. Luego, cuando comenzamos a trascender en el mundo del riego, comenzó a interesarme y al tener cierta renta ya me posibilitó cambiar de ganadería a agricultura. Hasta ahora no lo lamento.   Al incorporar la agricultura, ¿pensaste que era un desafío mayor? Porque la agricultura tiene otra dinámica, ¿no? Claro, pero yo soy amigo de los desafíos. Ustedes van a ver también personas que comienzan con unas cosas nuevas en cualquier parte del mundo. Son gente a la que le gusta los desafíos. O sea, económicamente a lo mejor no es lo más sensato, pero en lo personal a lo mejor satisface porque yo quiero probar cosas nuevas.   ¿Qué te dio el campo, la agricultura y la ganadería? El campo es algo bien tranquilo, es una pasión. Sencillo es, tenés o no tenés pasión para seguir en el rubro. A mí me gusta y siempre estoy alegre en el campo.   Te vemos como una persona muy tranquila, ¿pero hay algo que a veces te molesta y te saca de tus cabales? Desorden, mentira, son las cosas que me molestan.   Y como hobby, qué te gusta. Pesca, pero poco tiempo tengo para eso. En los últimos años empecé con el pádel también y me gusta bastante.   ¿Cuál fue el momento más difícil que tuviste que experimentar y el más feliz de tu vida? De los momentos más felices que tengo es cuando veo una agricultura como tenemos ahora, que te da cierta felicidad por el éxito que eventualmente podés tener. Y el momento más difícil fue cuando falleció mi padre a causa del covid hace algunos años, que fue un punto muy doloroso.   ¿Cómo superaste eso? Y… ¿Qué te

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