Ernst Goerzen es el productor invitado en esta oportunidad. Él es un libro abierto de experiencias cargadas de sacrificio, entereza, compromiso y disciplina para alcanzar sus logros. Desde aquellas 1.5 hectáreas con las que inició su tarea de campo hasta convertirse en el presidente de la Cooperativa Volendam, sorteó innumerables situaciones. En esta edición conoceremos más su amplia trayectoria.
Ficha personal
Ernst Goerzen nació en Paraguay en el año 1954. Estudió en Asunción y tras varios de sacrificio, volvió a su colonia natal, Volendam, para comenzar a emprender un camino de éxito, basado en el esfuerzo y la dedicación. Se convirtió más tarde en el presidente de la Cooperativa Volendam, cargo en el que permaneció ochos años. Hoy sigue disfrutando junto a su esposa del trabajo de campo y ayuda a los más jóvenes a proyectarse en el ámbito profesional
Don Ernst, muchas gracias por recibirnos en su casa. Coméntenos cómo fueron sus inicios, por favor.
Nací en 1954 acá en Paraguay. Y después del colegio me fui a Asunción a estudiar un poco más. Después, volví. Siempre fui patriota y me importó siempre ese aspecto. Entonces, trabajé desde un comienzo, de muy joven, porque nos abandonó nuestro padre. Con 10 años comencé a trabajar en las vacaciones y así comenzamos. Con una hectárea y media de tierra comencé a trabajar acá en la colonia. Y sigo hasta hoy. Trabajé para la cooperativa en algún lugar, en algún puesto, hasta que fui presidente de la Cooperativa Volendam por ocho años.
Sabemos que la colonia es bastante conservadora. ¿Cómo hizo para buscar una oportunidad de estudiar fuera de ella?
La colonia era muy cerrada, pero muchos jóvenes comenzamos a salir afuera a estudiar. Luego, volvimos y desde allí se comenzó a abrir un poco más. Se contrató gente de afuera, gente con estudios, gente profesional. Cuando asumí la presidencia tuve algunas dificultades, pero traje, sobre todo, gente para la escuela, maestros para enseñar dentro de la colonia.
Coméntenos cuáles eran las limitaciones que había en la colonia para movilizarse. ¿Cómo lo hacían?
Nuestros padres eligieron vivir aquí y el río fue la vía para conectarnos, porque no había caminos. Tampoco teníamos salida para ir a Asunción, por ejemplo. Entonces, solamente teníamos el río para movilizar la mercadería, el gasoil y todo lo que venía hasta el año 1975. Teníamos nuestro acceso al puerto, que quedaba a 18 km de la colonia y cuando llovía quedaba intransitable. Y se clausuraba, lógico, no había paso, cuando llovía. Entonces, fue difícil.
¿Cómo se manejó en tu época de estudiante? ¿Recibió algún apoyo?
En esa época, el estudiante que salía, si no tenía medios propios, nadie le apoyaba. Entonces, yo busqué un trabajo en Asunción. Al comienzo vendí queso y huevos en el Mercado Nº 4. De noche estudiaba en el Colegio Comercio Nº 2, que era del Gobierno. Después pasé a la universidad, pero trabajando de día y estudiando de noche. Y la mayoría lo hacía de esta manera. No había otra forma; no es como hoy, que se le paga al estudiante su estadía y demás, sino antes era a puro pulmón.
¿Cómo sobrellevaba el trabajo con el estudio?
Yo siempre quise estudiar Economía, desde chico. Entonces, yo dije: «Voy a probar, voy a ir a sufrir, pero voy a trabajar». Ganaba G 7000 mensuales y gastaba G 3500 en la pensión. Y después, libros, vestimenta y un poco de cerveza [ríe].
En Asunción recibí muchas ofertas para trabajar, pero siempre fui patriota y yo dije: «No, yo quiero volver a la campaña. La vida en Asunción no me va a traer futuro». Entonces, volví un día, cuando terminé mi estudio. Volví y comencé a trabajar acá en forma particular, primero para otros, después compré un tractor y así seguí progresando de forma particular.
¿Cómo arranca la vida de productor?
Fue muy difícil. Comencé a trabajar con una hectárea y media. Cuando eso, todos sabemos, que había apoyo para el desarrollo y yo no tenía miedo de los créditos. Como estuve en Asunción, tenía algunas relaciones, conseguí un crédito para comprar maquinarias. Y así compré también tierra muy ventajosa y me asocié a mi hermano cuando aún vivía. Entonces, formamos una sociedad y comenzamos con 30 vaquillas a crédito. Así también comenzamos con la agricultura. Y eso fue en la época cuando la inflación era muy grande. Y entonces, nosotros no teníamos miedo de agarrar del Banco de Fomento, del Fondo Ganadero. Y así comenzamos a trabajar, hasta que llegamos a tener una buena cantidad.
¿Desde cuándo comenzó a trabajar en la cooperativa?
En la cooperativa trabajé siempre, como cuando estaba en la escuela con 14 años, ya en vacaciones, de pintor, de albañil. Lo que había hacía, pero en las vacaciones. Después fui chofer de camión y hacía de todo: embolsaba, embarcaba, limpiaba maíz e inclusive, llegué a trabajar en la arrocera. Nunca faltó trabajo, porque no tenía miedo de trabajar. Entonces, la gente esperaba que yo estuviera libre para que le ayude.
Cuando volví de Asunción, estuve integrando distintas comisiones, como la Junta de Vigilancia, con 21 años. Fue la primera vez en la historia que la cooperativa estuvo bajo control. Tuve muchas dificultades, pero llegué al Concejo. Yo dije: «Nunca voy a ser presidente, no quiero». Pero llegado el momento, agarré el puesto por ocho años. Creo que dejamos una huella profunda. Trabajamos muy bien con un equipo que yo mismo formé y hablé con la gente, «vamos a trabajar» – les dije. Y con eso estuvimos trabajando ocho años.
¿Cuáles fueron los momentos más difíciles?
Los últimos cuatro años fueron los más difíciles. En este tiempo, en nuestra zona tuvimos una sequía tremenda. Y, por ejemplo, en soja nunca se cosechó 700 kg en promedio. Y no era soja, era basura. Sin embargo, nunca nadie tuvo en cuenta una zona que no recibía lluvias. Entonces, no tuvimos ayuda de ningún lado.
¿Cuáles fueron los principales valores que le acompañaron en este tiempo?
No mentir, trabajar y respetar al prójimo. No criticar por criticar nada más. La honestidad que siempre te brinda una base firme y tranquila.
¿Qué le dio el campo?
Trabajé mucho, pero me dio todo. Me dio, además, tranquilidad para mi futuro. O sea, el campo en Paraguay, yo siempre digo, Paraguay es el paraíso del mundo. Acá podríamos ser la Suiza, pero, lastimosamente, está mal administrado. No tenemos huracanes, no tenemos ningún desastre natural y buena tierra. Entonces, solo falta trabajarla.
Podría dejarnos un mensaje final
Yo le diría a la gente que le respete al campesino y al que trabaja la tierra, porque no es fácil. Nosotros trabajamos al comienzo para pagar cuentas y para abrir caminos. Trabajamos al principio entre 16 a 17 horas al día, pero hoy vivimos tranquilos de la renta del campo. Tengo algunos colaboradores que me ayudan y yo también les ayudo; o sea, trabajamos en conjunto y todos tenemos ventajas.
Creo que cumplí un buen ciclo de vida y valió la pena el esfuerzo. Valió la pena porque pude con mi esfuerzo alcanzar una vida digna y una vida tranquila como jubilado. Hoy apoyo a la gente joven que quiere trabajar y prosperar.
[Entrevista publicada en la edición 132 de Revista Productiva, páginas 14 y 15]
[Foto: Ernst Goerzen / Revista Productiva]


