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Intervención de áreas e intensificación elevan la productividad de carne por hectárea

La vuelta de rosca que vive la ganadería paraguaya es cada vez más común, debido a la necesidad de crear campos de dos o tres pisos, es decir, promover una expansión vertical para lograr mucha más eficiencia en la misma superficie. Esta es la experiencia de Estancia Adelina, ubicada en Centinela, Alto Paraguay, en donde se está escribiendo una de las tantas historias exitosas al pasar de bajas cargas animales a una etapa de fuerte intervención e intensificación para alcanzar mejores niveles de productividad por hectárea. Productiva C&M visitó el establecimiento y pudo palpar las acciones llevadas adelante en esta unidad de producción.   Gustavo Irazoqui, gerente de la empresa ganadera, comentó que en este proceso se han generado importantes tareas para apuntar a una mayor productividad. Entre ellas, se encuentran la incorporación del manejo de malezas, el mix de grama rhodes y potrerización.   El profesional explicó que cuando arrancaron con el proyecto, el sistema aplicado era tradicional, con potreros de 50 y 100 hectáreas, pero, posteriormente, se fueron estableciendo módulos rotativos más intensivos. El aprendizaje demandó tiempo y capacitación, pero después de este proceso, en la empresa se comenzó a medir los kilos de carne que se producían por hectárea. “A partir de poder medir, nos convencimos realmente de que este era el modelo a seguir, por ende, empezamos a hacer más módulos. Empezamos con tres módulos y ahora estamos con 24 módulos rotativos”, resaltó.   El manejo consiste en la rotación diaria de los lotes, hecho que lleva a una carga animal de 1.5 unidad ganadera por hectárea, que representa 2 UG en los mejores momentos y de 0.8 en periodos más complicados.   Mencionó que en este periodo de intensificación fueron creando diferentes tipos de potreros, como, por ejemplo, de 400 hectáreas, integrados a 16 potreros de 25 hectáreas cada uno. “Cuanto más chiquita el área, más produce”, resaltó.   En esta unidad se trabaja el ciclo completo ganadero, en donde se suman los animales propios, además de otros productos de compras estratégicas. También resaltó que cuentan con un confinamiento para ganar kilos en periodos críticos como el invierno, momento en el cual es necesario aliviar el campo. Para ello, también poseen áreas agrícolas, de modo a producir energía y proteína suficiente para atender la necesidad de los animales que requieren un complemento nutricional.   Antiguamente, en el manejo tradicional, esta unidad de producción producía 120 kg de carne por hectárea al año, pero después de incorporar los módulos, la capacidad receptiva del campo se duplicó y en algunos módulos, incluso, está llegando a 450 kg de carne por hectárea al año, lo que demuestra la efectividad de las intervenciones realizadas. Aclaró, sin embargo, que en la fase de cría aún tienen dificultades para mejorar la eficiencia, hecho que termina afectando el promedio de productividad del establecimiento.   “En las parcelas pequeñas los animales ingresan 12 días de todo un año. Esta rotación permite una regeneración rápida de la pastura, lográndose así un mejor tapiz”, expresó.   Intervención. Estos resultados alcanzados serían imposibles de lograrlos sin la tecnología, el conocimiento y las estrategias empleadas, comentó el Ing. Agr. Emilio Núñez, asesor técnico comercial de Campofé, empresa que viene realizando los trabajos.   Indicó que el trabajo principal se enfocó en la reforma de la pastura, que arrancó con el levantamiento de datos de toda la estancia para determinar la condición de este recurso. A partir del diagnóstico, se trabajó en un plan estratégico para recuperar los potreros degradados y aumentar la productividad del pasto que estaba empezando a degradarse o que necesitaba alguna intervención para mantener alto su rendimiento.   A su vez, el Ing. Agr. Jorge Martínez, asesor técnico externo de Campofé, comentó que, inicialmente, las áreas degradadas pasaron por un manejo con rolo cuchilla a finales de 2023. Tras esa intervención, se sembró el pasto zuri, cuya elección respondió a una necesidad manifestada por el directorio de la empresa.   En esa búsqueda de optimizar de los recursos forrajeros, comentó que se realizó una intersiembra con grama rhodes, en la que se utilizaron materiales como Callide y Katambora, con el objetivo de colonizar las áreas bajas del campo, con el propósito de lograr un aumento de la productividad de manera sostenida.   Estas estrategias fueron ejecutadas con siembras aéreas, tanto en avión como dron.   Con el tiempo, en parte de las áreas se tuvo una predominancia del zuri y en otras zonas más bajas, la grama prendió y generó una mejor cobertura, que le brindó a la unidad productiva espacios donde recibir a los animales para el pastoreo. “Si no fuera por esa acción de intersiembra, nosotros no estaríamos contando con pasto para nuestros animales en las áreas bajas”, sentenció Irazoqui.   A su vez, el Ing. Agr. Osvaldo Panero, asesor de Smart Campo Semillas, aliado estratégico de Campofé para el posicionamiento de nuevos materiales de pasto, habló acerca del trabajo realizado, principalmente en aquellos microrrelieves donde el zuri no tuvo buen desempeño. Agregó que, en algunas zonas, debido a las condiciones presentadas en esta temporada, por la mayor pluviosidad, hubo áreas con agua estancada, que limitó el desarrollo de ciertas pasturas; por ende, fueron recomendadas especies que toleran mejor esos ambientes, que representan prácticamente el 60 % del área. En ese sentido, se posicionan las gramas, Callide y Katambora, que permitieron contar con pasturas en estos sitios. “El productor estaba perdiendo aquí el 60 % de la oferta forrajera potencial que tiene por el uso de una única especie”, expresó.   Luego, el Ing. Agr. Juan Pablo Pelissero, asesor comercial de Smart Campo Semillas, explicó que la alianza con Campofé se sustenta en el conocimiento técnico. Agregó que la calidad de las semillas que ofrecen es producida en Argentina, pero fueron importadas de Australia o Sudáfrica, por lo tanto, poseen un respaldo importante. “El valor fundamental de esta alianza es el conocimiento técnico, que ayuda a los productores a mejorar su condición para la generación de forraje”, indicó.   En el

La vuelta de rosca que vive la ganadería paraguaya es cada vez más común, debido a la necesidad de crear campos de dos o tres pisos, es decir, promover una expansión vertical para lograr mucha más eficiencia en la misma superficie. Esta es la experiencia de Estancia Adelina, ubicada en Centinela, Alto Paraguay, en donde se está escribiendo una de las tantas historias exitosas al pasar de bajas cargas animales a una etapa de fuerte intervención e intensificación para alcanzar mejores niveles de productividad por hectárea. Productiva C&M visitó el establecimiento y pudo palpar las acciones llevadas adelante en esta unidad de producción.

 

Gustavo Irazoqui, gerente de la empresa ganadera, comentó que en este proceso se han generado importantes tareas para apuntar a una mayor productividad. Entre ellas, se encuentran la incorporación del manejo de malezas, el mix de grama rhodes y potrerización.

 

Gustavo Irazoqui

El profesional explicó que cuando arrancaron con el proyecto, el sistema aplicado era tradicional, con potreros de 50 y 100 hectáreas, pero, posteriormente, se fueron estableciendo módulos rotativos más intensivos. El aprendizaje demandó tiempo y capacitación, pero después de este proceso, en la empresa se comenzó a medir los kilos de carne que se producían por hectárea. “A partir de poder medir, nos convencimos realmente de que este era el modelo a seguir, por ende, empezamos a hacer más módulos. Empezamos con tres módulos y ahora estamos con 24 módulos rotativos”, resaltó.

 

El manejo consiste en la rotación diaria de los lotes, hecho que lleva a una carga animal de 1.5 unidad ganadera por hectárea, que representa 2 UG en los mejores momentos y de 0.8 en periodos más complicados.

 

Mencionó que en este periodo de intensificación fueron creando diferentes tipos de potreros, como, por ejemplo, de 400 hectáreas, integrados a 16 potreros de 25 hectáreas cada uno. “Cuanto más chiquita el área, más produce”, resaltó.

 

En esta unidad se trabaja el ciclo completo ganadero, en donde se suman los animales propios, además de otros productos de compras estratégicas. También resaltó que cuentan con un confinamiento para ganar kilos en periodos críticos como el invierno, momento en el cual es necesario aliviar el campo. Para ello, también poseen áreas agrícolas, de modo a producir energía y proteína suficiente para atender la necesidad de los animales que requieren un complemento nutricional.

 

Antiguamente, en el manejo tradicional, esta unidad de producción producía 120 kg de carne por hectárea al año, pero después de incorporar los módulos, la capacidad receptiva del campo se duplicó y en algunos módulos, incluso, está llegando a 450 kg de carne por hectárea al año, lo que demuestra la efectividad de las intervenciones realizadas. Aclaró, sin embargo, que en la fase de cría aún tienen dificultades para mejorar la eficiencia, hecho que termina afectando el promedio de productividad del establecimiento.

 

“En las parcelas pequeñas los animales ingresan 12 días de todo un año. Esta rotación permite una regeneración rápida de la pastura, lográndose así un mejor tapiz”, expresó.

 

Emilio Núñez

Intervención. Estos resultados alcanzados serían imposibles de lograrlos sin la tecnología, el conocimiento y las estrategias empleadas, comentó el Ing. Agr. Emilio Núñez, asesor técnico comercial de Campofé, empresa que viene realizando los trabajos.

 

Indicó que el trabajo principal se enfocó en la reforma de la pastura, que arrancó con el levantamiento de datos de toda la estancia para determinar la condición de este recurso. A partir del diagnóstico, se trabajó en un plan estratégico para recuperar los potreros degradados y aumentar la productividad del pasto que estaba empezando a degradarse o que necesitaba alguna intervención para mantener alto su rendimiento.

 

A su vez, el Ing. Agr. Jorge Martínez, asesor técnico externo de Campofé, comentó que, inicialmente, las áreas degradadas pasaron por un manejo con rolo cuchilla a finales de 2023. Tras esa intervención, se sembró el pasto zuri, cuya elección respondió a una necesidad manifestada por el directorio de la empresa.

 

Jorge Martínez

En esa búsqueda de optimizar de los recursos forrajeros, comentó que se realizó una intersiembra con grama rhodes, en la que se utilizaron materiales como Callide y Katambora, con el objetivo de colonizar las áreas bajas del campo, con el propósito de lograr un aumento de la productividad de manera sostenida.

 

Estas estrategias fueron ejecutadas con siembras aéreas, tanto en avión como dron.

 

Con el tiempo, en parte de las áreas se tuvo una predominancia del zuri y en otras zonas más bajas, la grama prendió y generó una mejor cobertura, que le brindó a la unidad productiva espacios donde recibir a los animales para el pastoreo. “Si no fuera por esa acción de intersiembra, nosotros no estaríamos contando con pasto para nuestros animales en las áreas bajas”, sentenció Irazoqui.

 

Osvaldo Panero

A su vez, el Ing. Agr. Osvaldo Panero, asesor de Smart Campo Semillas, aliado estratégico de Campofé para el posicionamiento de nuevos materiales de pasto, habló acerca del trabajo realizado, principalmente en aquellos microrrelieves donde el zuri no tuvo buen desempeño. Agregó que, en algunas zonas, debido a las condiciones presentadas en esta temporada, por la mayor pluviosidad, hubo áreas con agua estancada, que limitó el desarrollo de ciertas pasturas; por ende, fueron recomendadas especies que toleran mejor esos ambientes, que representan prácticamente el 60 % del área. En ese sentido, se posicionan las gramas, Callide y Katambora, que permitieron contar con pasturas en estos sitios. “El productor estaba perdiendo aquí el 60 % de la oferta forrajera potencial que tiene por el uso de una única especie”, expresó.

 

Luego, el Ing. Agr. Juan Pablo Pelissero, asesor comercial de Smart Campo Semillas, explicó que la alianza con Campofé se sustenta en el conocimiento técnico. Agregó que la calidad de las semillas que ofrecen es producida en Argentina, pero fueron importadas de Australia o Sudáfrica, por lo tanto, poseen un respaldo importante. “El valor fundamental de esta alianza es el conocimiento técnico, que ayuda a los productores a mejorar su condición para la generación de forraje”, indicó.

 

Juan Pablo Pelissero

En el Chaco se registran ambientes heterogéneos, por ende, es necesario ajustar manejos y utilizar las mejores herramientas de acuerdo con cada situación. La región Occidental, que representa el 60 % del territorio nacional, es la zona por excelente de la ganadería, en donde con la aplicación de tecnologías y conocimientos es posible elevar ostensiblemente la productividad por hectárea.

 

 

 

[Material publicado en el segmento Ganadería Productiva de la edición 132 de la Revista Productiva, páginas 18 y 19]

 

[Foto principal: campo de la Estancia Adelina / Revista Productiva]

 

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