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Ganadería gana terreno en el norte del país, ante una agricultura golpeada por sequías

El repunte sostenido del precio del desmamante y las mejores condiciones forrajeras están comenzando a generar un cambio silencioso en el norte del país. Según señaló a Nación Productiva, Rodolfo Grau, propietario de Cabaña Don Honorio, varios productores agrícolas (especialmente en zonas como San Pedro y el Chaco) están dejando progresivamente la agricultura para volver a la ganadería, actividad que hoy muestra mejores márgenes y mayor previsibilidad en comparación con cultivos que arrastran varios años de fuerte impacto por sequías recurrentes. “El precio hoy te da oxígeno”, expresó Grau, al describir el escenario actual. A su criterio, los valores firmes del ternero representan un alivio financiero para establecimientos que venían atravesando situaciones complejas, en particular en el Chaco, donde las condiciones productivas fueron duramente golpeadas. En ese contexto, el renovado dinamismo del mercado ganadero aparece como una oportunidad para recomponer estructuras financieras y redefinir estrategias productivas. Sobre ese aspecto, Grau recordó que el año pasado comenzó con un panorama climático adverso, con 40 días sin lluvias en su establecimiento y suplementaciones que no lograron los resultados esperados. En un lote de vaquillas brangus, donde proyectaban ganancias diarias de peso de entre 1,2 y 1,3 kilos bajo un régimen normal, apenas alcanzaron 0,7 kilos debido al estrés hídrico y a la baja calidad forrajera. Hoy, con humedad y lluvias regulares, el escenario productivo es sustancialmente distinto. En la misma línea, Pedro Ticianelli Moller, representante de la Estancia Ypotí, recordó que el 2025 arrancó con el precio del desmamante en torno a 16.000 a 17.000 guaraníes por kilo, un nivel que en su momento parecía elevado. Sin embargo, tras los eventos climáticos y el reacomodamiento del mercado, el año cerró cerca de los 23.000 guaraníes por kilo. Este 2026, en cambio, comenzó directamente en ese nivel y continúa con tendencia alcista. Para Ticianelli, este nuevo ciclo obliga a los productores (especialmente invernadores y confinadores) a enfocarse puertas adentro. “El mercado es soberano”, afirmó, al subrayar que las decisiones externas no están bajo control del productor. Por ello, consideró clave reforzar la eficiencia productiva, ajustar costos y planificar con prudencia, entendiendo que, si bien el precio estimula, los márgenes podrían volverse más desafiantes en determinados eslabones de la cadena. El actual momento ganadero no solo mejora las expectativas de ingresos, sino que también está reconfigurando decisiones estructurales en regiones donde la agricultura venía perdiendo terreno frente a la variabilidad climática. La migración productiva hacia la ganadería, impulsada por mejores señales de precios y mejores condiciones ambientales, podría consolidarse como una de las principales tendencias del 2026 en el norte del país. [Foto: Ganado bovino / Archivo / Productiva C&M]

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Rodolfo Grau: “Con tasas de interés elevadas, será difícil retener vientres y hacer crecer el hato”

La complejidad del negocio ganadero actualmente plantea varios debates que no solo pasa por el precio del gordo o el tipo de cambio. Durante el programa Nación Productiva, el Ing. Agr. Rodolfo Grau, propietario de la Cabaña Don Honorio, señaló a nuestro medio que el verdadero cuello de botella hoy está en el financiamiento al sector productivo, especialmente cuando se habla de retención de vientres que puedan repercutir en una expansión del hato bovino nacional. El referente advirtió que, hay bancos que hoy disponen de tasas activas que actualmente se ubican entre 13 % y 14 % anual para créditos destinados al sector y que el productor que decide endeudarse asume un riesgo elevado en un contexto de alta volatilidad de precios y presión sobre los márgenes. “Tomar un préstamo a esos niveles es ponerse una soga al cuello”, resumió, al señalar que, en muchos casos, el flujo generado apenas alcanza para cubrir costos financieros y operativos, sin margen para capitalización. Grau puso el foco en la necesidad de reglas de juego que permitan previsibilidad. En su análisis, si el objetivo país es incrementar el stock bovino del país y consolidar el posicionamiento exportador, las tasas para financiamiento productivo deberían tener un techo cercano al 9 %, e idealmente ubicarse entre 7 % y 8 %. Solo en ese rango (sostiene) el crédito se transforma en una herramienta de inversión y no en una carga que inmoviliza al productor. Este planteo cobra especial relevancia en un momento donde Paraguay mantiene un fuerte perfil exportador en carne bovina y depende de la capacidad del sector primario para sostener volúmenes y calidad. La retención de vientres es una decisión estratégica de mediano plazo, ya que implica resignar ingresos inmediatos para apostar a mayor producción futura. Por lo que, sin condiciones financieras adecuadas, esa apuesta pierde atractivo. [Foto: Rodolfo Grau / Archivo / Productiva C&M]

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Caída del dólar y alto costo de reposición preocupan a ganaderos

El negocio ganadero enfrenta hoy una ecuación cada vez más ajustada. Si bien el valor del gordo ya se acerca a los USD 5 el kilo, la caída del tipo de cambio y el fuerte encarecimiento de la reposición están erosionando los márgenes en moneda local. Así lo expresó Pedro Ticianelli Moller, representante de la Estancia Ypoti, afirmando que ese descalce entre ingresos y costos se convirtió en uno de los principales focos de preocupación dentro de la cadena. Durante el programa Nación Productiva, Ticianelli explicó que, si se compara con el mismo periodo del año pasado, el gordo se comercializaba en torno a USD 4 por kilo con un tipo de cambio cercano a G. 8000, lo que representaba G. 32.000 por kilo en moneda local. En ese entonces, la reposición se pagaba en el rango de G. 14.000 a G. 16.000 por kilo, permitiendo una brecha amplia entre costo y precio de venta. En la actualidad, si bien el valor del gordo se acerca cada vez más a los USD 5 por kilo, el tipo de cambio descendió y hoy cotiza en torno a G. 6550, lo que deja el precio en guaraníes prácticamente en el mismo nivel que un año atrás. Sin embargo, la reposición pasó a ubicarse entre G. 23.000 y G. 25.000 por kilo, encareciendo significativamente la materia prima. Para Ticianelli, esta combinación (dólar debilitado y reposición encarecida) comprime de forma sustancial el margen bruto del productor y obliga a mirar con atención la sostenibilidad del negocio en el corto plazo, en un contexto donde los costos internos no acompañan la evolución del precio internacional. En ese aspecto, advirtió que, por ahora, la reposición continúa siendo un negocio viable, pero aclaró que esa ecuación puede modificarse rápidamente si los valores del desmamante siguen en alza mientras el tipo de cambio continúa en retroceso. Señaló que el análisis debe hacerse prácticamente a diario, ya que el margen del recriador o del invernador depende de una combinación muy sensible entre precio de compra y cotización del dólar. “Si el costo de la reposición sigue escalando y el productor termina vendiendo en guaraníes prácticamente al mismo nivel que antes, el esquema deja de ser sostenible”. ¿Por qué el dólar preocupa tanto? Hay que entender que el negocio ganadero se maneja en dólares (exportación), pero muchos costos (especialmente la reposición) se pagan en guaraníes. Por ende, si el dólar baja: Cada dólar exportado rinde menos en moneda local. Pero los costos internos no bajan. Se deteriora la competitividad y se comprimen los márgenes. Quien aportó su punto de vista durante la programación, fue el Ing. Agr. Rodolfo Grau, propietario de la Cabaña Don Honorio, señalando que no solo hay que observar la dinámica interna, sino también el contexto internacional. Según sostuvo, la política comercial impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump apunta a un dólar más débil para ganar competitividad exportadora, en medio de una guerra comercial. En ese marco, el tipo de cambio pasó en pocas semanas de niveles cercanos a G. 6750 a alrededor de G. 6560, con una tendencia que podría profundizarse. Grau remarcó además que el productor es un tomador de precios. Aunque los valores de exportación muestran subas y generan optimismo, el impacto real depende del tipo de cambio y de los costos internos. Recordó que el año pasado el precio del gordo mostraba subas quincenales (de USD 4,20 a 4,50 por kilo) que luego retrocedían abruptamente a USD 3,60, generando una alta volatilidad e imprevisibilidad en la planificación comercial. Bajo dicho escenario, indicó que será muy importante que este año el valor del ganado no vuelva a tener esas fluctuaciones. [Foto: Ganado bovino / Archivo / Productiva C&M]

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