Hugo Kehler, referente del sector lechero, contó su historia de vida en Productiva Life y hoy compartimos parte de ella en esta nueva edición de Revista Productiva. Recordó que sus padres empezaron la actividad en el tambo con un pequeño número de vacas y que, con el tiempo, gracias al esfuerzo y el trabajo, crecieron y lograron establecer un negocio sólido. Destacó su fe en Dios y el apoyo de su familia para el cumplimiento de los objetivos personales y profesionales.
Ficha personal
Hugo Kehler es ingeniero agrónomo y lleva el trabajo de tambo junto a familia en Agromilk, donde establece las estrategias a seguir. La empresa tiene más de 20 años de trayectoria y es, en la actualidad, la mayor unidad de producción de leche del país.
También se desempeña como presidente de la Asociación de Productores de Leche y Criadores de Razas Lecheras (Aprole), cargo desde el cual fomenta el desarrollo del rubro, por medio de la capacitación de las personas y tecnificación del sistema productivo.
Comentanos sobre tu familia, Hugo. ¿Cómo comenzaron la actividad lechera?
Mis padres, Franz y María Kehler, se mudaron a esta región hace más de 38 años, cuando era una zona forestal. Se independizaron hace 26 años y comenzaron su propia agricultura, lo que les llevó a iniciar el tambo. Empezaron con solo dos vacas, ordeñándolas a mano, lo que refleja un comienzo humilde y trabajoso. Con el tiempo, aumentaron su número de animales a 40, de los cuales 20 eran vacas. Han estado inseminando a sus vacas durante más de 16 años, lo que ha ayudado a mejorar la genética de su ganadería.
¿Cómo fue tu infancia?
Realmente, crecí en un entorno rural, sin vecinos cercanos, donde los caminos eran difíciles, especialmente en épocas de lluvia. Al crecer en una estancia con adultos me enfrenté a desafíos al comenzar el colegio y socializar con otros niños. Esta experiencia singular marcó mi desarrollo y perspectiva sobre la vida.
Mi infancia estuvo marcada por el trabajo en la chacra y la conexión con los animales. Al regresar del colegio montaba a caballo y ayudaba en las tareas del ganado, aunque soñaba con ser futbolista. Al vivir en el Chaco, donde anduve solo y lejos de mi familia, me ayudó a madurar y a valorar lo importante en la vida.
¿Cómo se dio tu inserción en el tambo?
Estuve en el Chaco estudiando en la etapa de la secundaria y luego fui a Asunción para seguir Agronomía. Eso me permitió adquirir conocimientos y habilidades que fui implementado en el tambo. Cuando volví a casa decidí trabajar en una empresa para sumar experiencia. Después de adquirirla afuera, volví y decidí dedicarme plenamente al tambo, mostrando un compromiso con el legado familiar.
¿Cuáles son los valores más importantes que te transmitieron en tu familia?
Destaco la importancia de la comunicación en mi familia como un pilar esencial para el crecimiento. Mi padre me inculcó valores como el respeto a Dios y la humildad, enfatizando que hay que aceptar lo que la vida trae. También promovió en mí la honestidad.
Estos principios me guían en la gestión de la empresa familiar, donde mi hermano y yo estamos asumiendo más responsabilidades, mientras mi padre disfruta de trabajar junto a sus hijos.
¿Tenés sueños por cumplir?
Uno de los sueños por cumplir que yo tengo es que este tambo esté trabajando de forma automática con todas las personas encajadas en el trabajo y que las personas tengan tres propósitos: hacer su trabajo, hacer su trabajo de forma correcta y querer mejorar cada día en su vida. De esa forma lograremos que el tambo trabaje sin que haya necesidad de que haya un jefe o un dueño. En el ámbito personal, mi sueño es ver crecer a mis hijos sanos, desarrollarse y seguir, si es posible, en este rubro donde yo estoy. Yo nunca les voy a obligar. Hoy vienen conmigo al tambo, se pasean, se divierten, pero me encantaría que algún día ellos sigan con este negocio. Que sigan con lo que estamos construyendo en familia, que siga la familia creciendo.
¿Cuál fue el momento más difícil de tu vida y el momento más feliz?
El momento más feliz de mi vida fue cuando entregué mi vida a Jesús. Ese fue el momento más importante y feliz de mi vida. Luego, el segundo momento fue el 16 de diciembre del 2012, cuando me casé con mi señora, Vanesa. Eso me cambió la vida. Desde ahí comenzó a evolucionar mi vida al Hugo que soy hoy. O sea, el Hugo que soy hoy es gran parte de eso. No hubiera estudiado Agronomía, si no fuese por ella. Un montón de cosas no haría sin ella. Y los momentos más difíciles o el momento más difícil es un poco desafiante contarlo. Tuve varios momentos duros. Mis padres tuvieron un accidente de tránsito, yo tuve un accidente en moto, fue duro, pero, definitivamente, el momento más difícil de mi vida fue cuando la doctora me dijo que nuestro hijo pequeño tenía espina bífida. Tenía espina bífida oculta. Y eso fue el shock más fuerte que recibí en mi vida. Verme cara a cara con la posibilidad de que tal vez mi hijo nunca podría correr en su vida. Él no tuvo espina bífida abierta, que es el caso más grave, pero sí tiene oculta y tiene los nervios de la columna presos. Fue muy duro saber que él tiene eso. Pero bueno, de alguna forma Dios tiene todo el control y él igual con todo eso a los diez meses comenzó a correr. Y el doctor dijo que al año le quería ver, que de ahí le iba a operar. Nos fuimos hasta el doctor y le vio corriendo y dijimos: «Bueno, vamos a dejarle correr hasta donde quiera». Entonces, hasta hoy, gracias a Dios, no le operamos la columna, no fue necesario, y el chico está corriendo con una energía que nunca termina. Con dos años hasta hoy, saludable, creciendo. En parte fue un shock, fue la cosa más dura y también una alegría después.
¿Qué le querés decir a tus colaboradores?
Gratitud hacia los trabajadores del tambo, de quienes reconozco su compromiso y esfuerzo diarios, incluso durante las festividades. La producción láctea, donde el cuidado continuo de las vacas previene enfermedades y asegura la producción, es crucial para la empresa y el país.
Mensaje final
Quiero invitar a la sociedad a entender que trabajar en un tambo puede ser gratificante si se establece un vínculo con los animales, porque convierte el trabajo diario en una experiencia satisfactoria. La importancia de la leche como un alimento completo, especialmente para el crecimiento saludable de los niños, por eso abogo por mejorar la calidad de la producción láctea en Paraguay para contribuir al bienestar de las futuras generaciones.
Agradezco sinceramente a mi esposa por su apoyo incondicional, incluso en momentos difíciles como las emergencias en el tambo. Valoro tener una pareja que te motiva en un mundo cada vez más complicado; es una bendición.
Gratitud hacia mis padres por las enseñanzas y el respaldo que me brindaron, y especialmente a Dios, por la oportunidad de construir una relación familiar sólida. El amor y la comunicación en el núcleo familiar son lo más importante y valoro profundamente la bendición de ser parte de este entorno.
[Entrevista publicada en la edición 136 de la Revista Productiva, páginas 14 y 15]
[Foto: Hugo Kehler / Revista Productiva]


