La construcción de un ambiente de producción es sumamente importante para que el cultivo pueda expresar su máximo potencial productivo y tolerar mejor los periodos de estrés hídrico y de alta temperatura, mencionó en Nación Productiva Cleverson Pozzebón, asesor técnico de Estancia Anahí, ubicada en Corpus Christi, departamento de Canindeyú. Agregó que dentro de la unidad productiva entre el 80 % y 90 % del área recibe un cultivo de cobertura todos los años y que este modelo posibilita bajar la inversión en fertilizantes y redireccionar recursos.
Pozzebon recordó que el 2024 fue el año de menor acumulado de lluvias de los últimos 30 años, de acuerdo con las mediciones de la estancia, y que en este 2025 la situación es diferente, aunque hay una importante variabilidad de precipitaciones en la región entre una zona y otra, sin afectar el planeamiento de la zafra. Independientemente del clima, resaltó que la mejor estrategia es construir un ambiente propicio para el cultivo.
Destacó que dentro de la unidad productiva el 50 % del área en el invierno fue destinado a cultivos de cobertura y el otro 50 % a los de renta. “El 50 % de cultivos de renta en todo el periodo de entrezafra, y entre el 80 % y 90% de las áreas recibe una planta de cobertura todos los años, parece que la cuenta no cierra, pero es así, aprovechamos cada ventana para introducir alguna planta, hacer rotación y proteger nuestro mayor patrimonio”, aseguró.
Explicó que el sistema de producción que llevan adelante dentro del establecimiento no podría servir de referencia para otra zona, ya que está adecuado a la necesidad de la estancia, que posee un suelo de baja fertilidad y con histórico de falta de encalado. “La decisión de hacer el 50 % de cultivo de renta en entrezafra está en diluir los riesgos, pero, principalmente, optimizar la estructura, que es limitada; se trabaja con rotación priorizando el suelo, estamos en esa fase de construcción de ese ambiente de producción, que es totalmente necesaria”, acotó.
El manejo cultural prioriza la construcción de un ambiente ideal para que la planta pueda expresar su máximo potencial productivo. Subrayó que este modelo productivo permite reducir drásticamente el uso de fertilizantes.
“Después de aquella zafra fatídica 2021/22, en la campaña siguiente hicimos y fue un año espectacular, la mitad de nuestra soja está sin fertilizante en base y no es la primera vez, es el cuarto año seguido que hacemos en alguna proporción y con eso nuestro costo final no se altera; igual con el precio más alto de los fertilizantes reducimos la cantidad de abono, optimizamos esa nutrición y utilizamos esa plata en recursos como la cal agrícola, es decir, redireccionamos la inversión manteniendo el costo de producción o bajándolo, incluso”, explicó.
Pozzebon dijo que mantienen una tendencia de bajo uso de fertilizantes foliares y defensivos, especialmente insecticidas. “Podemos bajar la inversión porque creamos el ambiente y tenemos la oportunidad de reducir el costo sin interferir en los procesos metabólicos de la planta; buscamos que la planta pueda defenderse por sí sola”, afirmó.
“El objetivo es siempre mantener el suelo protegido y crear el ambiente con las raíces para que las propias plantas puedan buscar su camino. Tenemos la gracia de recibir el promedio histórico de 1900 mm en los últimos 30 años, aunque falló el año pasado, así que tenemos que buscar la forma de cosechar esa agua y almacenarla, tenerla disponible para los cultivos que necesitan 500 a 600 mm en su ciclo; es un desafío que hay que encararlo”, sostuvo.
Comentó que llegaron a trabajar con 33 cultivos en un año entre de renta y de cobertura, pero se ha reducido un poco por la disponibilidad de semillas, por lo que, actualmente, mantienen una variedad de 22 a 23 cultivos por ciclo agrícola.
[Foto: Cleverson Pozzebón / Archivo / Productiva C&M]