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Nueva tecnología suma 500 kg/ha y redefine el control de enfermedades en soja

Los ensayos de Corteva con Vicroya Ora mostraron un rendimiento promedio superior de 500 kilos por hectárea frente a otros programas de manejo de enfermedades en soja. El nuevo fungicida, basado en la tecnología Haviza™ Active y perteneciente al grupo de las picolinamidas, logró esa ganancia gracias a su alta performance, selectividad y un nuevo punto de acción, expresó en Nación Productiva, el Ing. Agr. Alder Rodríguez, gerente de marketing de Corteva Agriscience Paraguay. Agregó que, incluso en campañas con estrés hídrico donde las herramientas tradicionales generan fitotoxicidad, con el nuevo producto se ha logrado mayor productividad. El profesional señaló que la compañía se caracteriza por incorporar innovaciones de forma constante. En ese sentido, destacó el trabajo realizado con el nuevo fungicida Vicroya Ora y la propuesta de valor que ofrece a los productores. Resaltó que Corteva, como una de las empresas líderes del agro, realiza importantes inversiones en el campo para desarrollar productos que agreguen valor y mejoren la producción. “En ese sentido, Vicroya Ora, de la familia Haviza™ Active, llevó aproximadamente 10 años de desarrollo, con varias etapas. Hace unos dos años ya se definieron la dosis y el posicionamiento, y desde entonces solo realizamos la calibración final. Los ocho años restantes se usaron en el proceso de formulación de mezclas y en definir el momento de uso, para que el producto fuera efectivo, amigable con el ambiente y seguro para la planta de soja. Y lo logramos”, remarcó. El producto abre un nuevo grupo químico, las picolinamidas. Agregó que actualmente, para el manejo de enfermedades en soja, se utilizan herramientas de grupos químicos antiguos. “El último grupo químico nuevo fueron las carboxamidas, introducidas en 2014. Pasaron más de 10 años. Hoy, en 2026, Corteva trae como primicia mundial la tecnología Haviza para el cultivo de soja”, resaltó. Subrayó que, al ser un grupo químico nuevo, descomprime el uso de moléculas tradicionales como triazoles y estrobilurinas, que, si bien siguen siendo útiles, vienen perdiendo eficacia. “Productos que tenían 90-85 % de eficacia hoy no llegan al 60 % por el uso masivo y reiterado, y la alta exposición en los campos y a la enfermedad”, acotó. Destacó tres atributos principales del producto: innovación, alta performance con rendimientos superiores a otros productos nuevos, y selectividad. “Es totalmente selectivo. Los datos muestran niveles de aproximadamente 0 % de fitotoxicidad durante el ciclo”, aseguró. Agregó que la herramienta actúa en un sitio de acción novedoso, en la mitocondria de las células de las hojas, distinto al de carboxamidas, triazoles y estrobilurinas, lo que otorga un nivel de control superior. Señaló que, a nivel corporativo, es un producto estratégico con alta expectativa de participación de mercado por lo que aporta. También es el principal lanzamiento en el mercado brasileño, el mayor mercado agroquímico del mundo, clave para la producción de soja y maíz. Para un mejor control, alta productividad y para proteger la molécula, se recomienda su uso asociado con multisitios. Destacó como los principales el mancozeb y el clorotalonil. Comentó que el equipo técnico probó distintos posicionamientos y concluyó que el mejor rendimiento en todo el país se logra con dos aplicaciones. “Comenzamos en etapa vegetativa con una mezcla de triazol y estrobilurina. En nuestro caso posicionamos Viovan, a base de picoxistrobina + protioconazol, después de esa aplicación que coincide en V4-V6, va la primera aplicación de Vicroya, que coincide con R1. La segunda va 14 días después, en R1 + 14 días. Ambas acompañadas con multisitios”, explicó. El programa se cierra con dos aplicaciones más, una cuarta con estrobimix, como Approach Power más multisitio, y una quinta aplicación también con estrobimix. “Con ese posicionamiento, sumando todas las áreas, tenemos un promedio de ganancia de alrededor de 500 kilos versus otros programas que consideramos top del mercado, con productos no tan antiguos”, sostuvo. Recalcó que, al ser de alta selectividad, no genera fitotoxicidad, algo demostrado en las campañas más secas. “En años de estrés hídrico, los triazoles suelen generar fitotoxicidad porque son productos ‘calientes’. Nosotros tuvimos dos campañas con ese escenario. Donde la soja rindió 1200 kilos, con Vicroya llegamos a 1500 kilos”, concluyó Vicroya Ora es un fungicida selectivo y de amplio espectro para el manejo sobre todo de roya, además de Septoria, Cercospora, Antracnosis, Oídio y enfermedades de fin de ciclo. [Foto: Ing. Agr. Alder Rodríguez / Productiva C&M]

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Nueva molécula para control de orugas fue evaluada en condiciones muy exigentes

El proceso de evaluación de la nueva tecnología que hoy dispone la firma UPL fue en condiciones muy exigentes y es una herramienta que presenta alta performance, afirmó a Nación Productiva, el Ing. Agr. Paulo Grau, responsable de investigación y desarrollo de UPL Cono Sur. Se trata una metadiamida del grupo 30 IRAC, de amplio espectro de control para orugas en maíz y soja. Es la primera molécula de esta subfamilia comercializada a nivel global y fue desarrollada y evaluada en Paraguay. El profesional resaltó que el proceso de evaluación de la nueva tecnología que hoy está disponiendo la firma UPL fue evaluada en condiciones muy exigentes. “Desde cultivo de tejido, de diferentes protocolos de alimentación artificial, en macetas, en invernaderos, finalmente en el campo, varias especies de lepidópteros, varios cultivos de hospederos, y realmente era lo que esperábamos y aún más. Digo aún más porque nos sorprendió la performance, sobre todo cuando se trata del control del lepidóptero, de órdenes donde están las orugas”, acotó. Explicó que es una molécula nueva del grupo 30 IRAC. “Con el grupo 30 tenemos una molécula en el país como el Isocycloseram, pero esto es una nueva subfamilia otra vez, y es la primera molécula de esa nueva subfamilia comercial a nivel global, y de hecho, el primer país en el mundo en tener, lanzar y en estar mucho más avanzado en información de esta nueva molécula”, subrayó. La nueva molécula de UPL, una metadiamida, cuyo nombre comercial es Cisvaroc, posicionada para el control de orugas en maíz y soja, principalmente. “A pesar de ser una tecnología que tiene un amplio espectro de control, al igual que las otras moléculas de este grupo, su destaque está en el control de orugas”, acotó. En este escenario de fuerte presión de gusano cogollero en el maíz dijo que, si bien es una herramienta que tiene una performance que va a lograr tener comparativamente un control mejor en situaciones complicadas, el mejor posicionamiento es el preventivo, en la primera aparición de raspado de hoja se debe aplicar. “La primera aplicación es crucial, “raspó aplicó”, y a partir de ahí monitorear y determinar un umbral, porque tenemos que tener en cuenta que en el maíz, ya tenemos un mix de aplicaciones consecutivas iniciales ahora con el tema de la cigarrita y los chinches, entonces realmente determinar un umbral es una estrategia inteligente, ahí nosotros hablamos de cuando tenemos más de 20 % de las plantas con nota 3 en adelante en la escala de Davis, los colegas y los productores conocen, volvemos a hacer la aplicación independientemente del intervalo, para que no se vaya de control la situación, es necesario entrar en esos momentos”, acotó. En cuanto a la susceptibilidad de esta molécula en contraer cierta resistencia, dijo que no hay todavía esa información, pero la recomendación es aplicar no más de dos veces dentro del ciclo de cultivo. “Podemos tolerar una tercera vez, siempre mezcla con otro mecanismo de acción con efecto contra la plaga, hacer rotación de acción, es decir, intercalar entre las aplicaciones de esta molécula, y la aplicación es preventiva, creo que eso va a ser lo más importante para tener una performance lo más alta posible y así reducir la presión de selección”, expresó. Mencionó que no hay un estadio específico, pero si pensamos en la fisiología de la planta, Grau enfatizó que hasta V6 es importante cuidar la burbuja que construye el rinde en el maíz. “Ahí realmente tenemos que hacer mucho más ajustado el manejo y donde es más difícil, porque la planta es más pequeña, nosotros tenemos que llegar al cogollo y la planta es un embudo, mientras el embudo sea más grande, es decir, con plantas más grandes, va a ser más fácil captar y llegar al objetivo”, manifestó. Finalmente, dijo que hay que aceptar que hay un cambio de paradigma en el manejo de plagas en el maíz, el cogollero dejó de ser una plaga secundaria y pasó otra vez a ser una plaga primaria. “Esto va a empezar a definir nuestra estrategia de manejo, esto nos obliga a volver a un criterio de umbral económico y tomar decisiones más precisas. La zafriña es un sistema que ya viene cargado de intervenciones. El productor que entienda eso se anticipa a sostener el rendimiento y el que llegue tarde, va a correr siempre detrás del problema que es lo que estamos viviendo. El desafío es claro, no solo controlar la oruga, sino que llegar antes de ella al cogollo y así tener un éxito en todo el sistema”, concluyó. [Foto: Ing. Agr. Paulo Grau / Archivo / Productiva C&M]

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