En un contexto favorable para la cría de terneros, la suplementación estratégica de las vaquillas se presenta como una de las herramientas de mayor retorno para el productor. Según explicó César Borba, director de Granusa, una inversión relativamente baja en nutrición puede adelantar la entrada de las hembras al sistema reproductivo, mejorar la calidad de los terneros producidos y aumentar las probabilidades de lograr una segunda preñez exitosa.
El especialista señaló que el actual escenario de precios representa una oportunidad para el criador, un segmento que durante años enfrentó márgenes ajustados y escasa rentabilidad. «Hoy el productor que se dedica a la cría tiene una gran oportunidad de negocio y no debería desperdiciar este momento», afirmó.
Borba explicó que adelantar la primera preñez de una vaquilla genera un impacto económico importante. Mientras mantener una hembra un año adicional sin producir puede representar un costo de entre USD 100 y USD 150 por cabeza, lograr que ingrese tempranamente al rodeo reproductivo requiere una inversión cercana a USD 80 anuales en suplementación.
«Estamos hablando de una inversión mínima comparada con el costo de dejar un animal improductivo durante un año más. Con una pequeña inversión ya se empieza a capturar el beneficio de producir antes», destacó.
La clave está en “asegurar la reconcepción”. Uno de los mayores desafíos en los sistemas de cría es alcanzar una buena reconcepción, es decir, que la vaquilla vuelva a quedar preñada luego de su primer parto. Para Borba, el éxito en esta etapa depende en gran medida del manejo nutricional realizado desde la primera gestación.
Explicó que una vaquilla que alcanza la preñez con entre 310 y 320 kilos de peso vivo y si recibe una suplementación proteica adecuada durante la gestación llega al parto en mejores condiciones corporales y con mayores posibilidades de retornar rápidamente a la actividad reproductiva. «El problema que todo el mundo tiene es la segunda preñez, pero cuando la vaquilla es bien manejada y acompañada nutricionalmente, las probabilidades de reconcepción mejoran mucho», sostuvo.
Agregó que durante la gestación la eficiencia de conversión alimenticia de la hembra aumenta debido a los cambios hormonales propios de ese estado fisiológico, lo que permite obtener respuestas productivas importantes incluso con programas de suplementación de bajo costo.
Más que preñar, producir terneros de calidad. Borba remarcó que el objetivo no debe limitarse a lograr la preñez de las vaquillas, sino a producir terneros con mayor potencial productivo. En este sentido, destacó las ventajas de trabajar con hembras precoces de 15 a 16 meses, capaces de generar «terneros de cabecera», caracterizados por una mejor estructura y mayor capacidad de crecimiento.
El director de Granusa explicó que el desarrollo fetal atraviesa distintas etapas críticas y que la nutrición materna durante la gestación influye directamente sobre el desempeño futuro de la cría. Particularmente, señaló la importancia del segundo tercio de gestación, período en el que ocurre la multiplicación de las fibras musculares del feto, proceso conocido como hiperplasia muscular. «Si queremos un ternero con gran potencial de crecimiento, debemos cuidar especialmente esa etapa», indicó.
Por ello, consideró estratégico concentrar los servicios entre octubre y noviembre, permitiendo que buena parte de la gestación transcurra durante meses con alta disponibilidad y calidad de pasturas. De esta forma, la madre dispone de mejores nutrientes para transferir al feto, favoreciendo el desarrollo de animales más eficientes y competitivos desde el nacimiento.
La conclusión, según Borba, es clara: una inversión moderada en suplementación no solo permite adelantar la productividad de las hembras, sino también fortalecer la reconcepción y mejorar la calidad de los terneros, generando un impacto positivo sobre la rentabilidad de todo el sistema de cría.
[Foto: Vaquillas Brangus / Archivo / Productiva C&M]


