La macrophomina es una limitante estructural de los rendimientos de soja en Paraguay y bajo condiciones de alta temperatura y estrés hídrico llega a ser “casi letal”, advirtió en Nación Productiva, el Ing. Agr. Ernesto Zelarayán, responsable de investigación y desarrollo de Great Seeds. Subrayó que en variedades susceptibles la pérdida va del 20 % al 60 %, y en condiciones de sequía puede llegar al 80 %.
Durante su participación en el agroclásico de la televisión paraguaya, el profesional explicó que la enfermedad daña todo el sistema circulatorio de la planta. “Imagínate que yo te cosa la boca, que tú no puedas beber, la vas a pasar mal”, graficó. Al producir pudrición de raíces, la planta queda con impedimento para absorber agua y nutrientes que deben llegar a la hoja para hacer fotosíntesis.
También genera un bloqueo vascular que complica la tasa fotosintética por falta de savia bruta, y provoca muerte prematura de planta. “Todo eso se combina con un combo de escasez de enfermedad la cual hace una limitante estructural para el rendimiento en Paraguay”, sostuvo.
Zelarayán señaló que en variedades susceptibles la pérdida va del 20 % al 60 %, y en condiciones de sequía puede llegar al 80 %. “Si tú estás en una zona como San Pedro o estás en El Chaco, es un suicidio ir a sembrar sin usar una variedad que te dé una garantía, un seguro”, afirmó. En esas regiones, un veranito de estrés hídrico o alta temperatura hace que la macrophomina “haga desastre” y se pierda todo si la variedad sufre pudrición radicular.
Las variedades resistentes o tolerantes sufren menor severidad ante condiciones climáticas extremas, tienen mayor supervivencia y, sobre todo, mayor rentabilidad. Para ejemplificar, comparó: “Suponete que una variedad susceptible rinda 2000 kilos y una resistente rinda 2800 kilos. Ahí ya tenemos 0,8 toneladas por hectárea de diferencia. Con soja a USD 350 la tonelada, son USD 280 más de ingreso”, acotó y agregó que, en muchas regiones, esos USD 280 hacen “la diferencia entre salir empatado o ganar”.
Zelarayán remarcó que, por ser una enfermedad del suelo, es muy difícil de controlar químicamente o con biológicos. “La base para poder pasar la situación es a través del uso de variedades resistentes”, resaltó.
En esa línea, contó que en la firma Granar, dueña de la marca Great Seeds, desarrollaron la tecnología MP (por macrophomina), que permite diferenciar de manera contundente las variedades resistentes de las susceptibles. “Es una enfermedad que hay que respetar mucho”, concluyó.
Durante el desarrollo del programa televisivo, se resaltó que, aun con una cosecha nacional de 12 millones de toneladas en la presente campaña, la enfermedad en parcelas con estrés hídrico volvió a restar productividad y rentabilidad.
[Foto: Ing. Agr. Ernesto Zelarayán / Archivo / Productiva C&M]


