El sector forestal boliviano inicia un proceso de transformación con foco en calidad, control y acceso a mercados internacionales, a partir de un acuerdo con la firma Control Union Paraguay. El convenio, suscrito con la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), plantea un trabajo conjunto para modernizar los sistemas de control, incorporar estándares internacionales y avanzar hacia una mayor formalización del sector.
La iniciativa pone el foco en tres ejes: mejorar la trazabilidad de la producción, garantizar la legalidad de la madera y elevar los niveles de calidad, aspectos cada vez más determinantes para competir en mercados como Europa y Norteamérica.
Desde la firma certificadora señalan que Bolivia atraviesa una etapa de apertura y reconfiguración productiva, lo que obliga a elevar exigencias si se pretende consolidar su inserción internacional. En ese contexto, la certificación aparece como una herramienta clave para ordenar la cadena forestal, reducir la informalidad y generar mayor previsibilidad en el negocio.
Hoja de ruta. El acuerdo contempla un proceso escalonado. En una primera etapa, se trabajará en el análisis de los estándares actuales y en la identificación de brechas. Luego, el foco estará puesto en la implementación de certificaciones orientadas al sector productivo, tanto público como privado.
A mediano y largo plazo, el objetivo es consolidar un sistema que permita sostener mejoras continuas en calidad y cumplimiento normativo.
Uno de los factores que acelera este proceso es la creciente exigencia de los mercados internacionales. Normativas como la regulación europea contra la deforestación (EUDR) comienzan a marcar el rumbo, obligando a los países exportadores a demostrar trazabilidad y sostenibilidad en sus productos. En este escenario, la adecuación a estándares internacionales deja de ser una opción y pasa a ser una condición de acceso.
Impacto productivo y social. Más allá del componente técnico, el acuerdo también apunta a generar impacto en las economías locales. Un sector más ordenado y formalizado no solo mejora la competitividad, sino que también abre oportunidades para comunidades que dependen del bosque, facilitando su acceso a mercados de mayor valor.
Con este paso, Paraguay comienza a posicionarse no solo como exportador de productos, sino también como proveedor de servicios técnicos y conocimiento en procesos de certificación.
La articulación entre experiencia privada y demanda institucional en la región marca una tendencia creciente, donde la competitividad pasa cada vez más por la capacidad de cumplir estándares y garantizar calidad.
[Foto: Alfredy Álvarez, de ABT y el Ing. Víctor Medina, de Control Union Paraguay / Gentileza]


