El envío de vacas preñadas a faena es una realidad que empieza a tomar fuerza ante contextos de presión financiera en algunos establecimientos ganaderos, pero representa “un impacto directo sobre la sostenibilidad del rodeo nacional y constituye uno de los factores que explican la disminución del hato ganadero”. Así lo advirtió el Dr. Hugo Sánchez, director ejecutivo de la Mesa Paraguaya de Carne Sostenible (MPCS), al analizar los resultados del estudio reciente elaborado por la entidad. Explicó que la faena de hembras preñadas implica un “doble perjuicio”.
Sánchez reconoció que en momentos de escasa oferta y necesidades financieras urgentes muchos productores optan por vender lo que tienen disponible para saldar deudas. “El productor dice: ‘Tengo que pagar mis deudas, no me queda otra’. Pero en ese proceso se va comiendo la cola, porque sacrifica su capacidad futura de producción”, afirmó.
El referente calificó la situación como un tema complejo, donde confluyen decisiones empresariales individuales y restricciones estructurales del sistema. En ese sentido, sostuvo que es necesario reforzar la orientación técnica para evitar el envío de hembras preñadas a faena, ya sea mediante palpaciones previas al embarque o implementando dispositivos que impidan la preñez en animales destinados al sacrificio. “Con eso no solo se evita el decomiso y la pérdida económica, sino que se protege el potencial reproductivo del rodeo”, subrayó.
Según explicó, la faena de hembras preñadas implica un “doble perjuicio”. Por un lado, se elimina una hembra en plena edad reproductiva; por otro, el ternero en gestación (que en muchos casos representa alrededor de 40 a 50 kilos dentro de una hembra que promedia los 440 kilos) es decomisado en frigorífico, ya que se encuentra en etapa intermedia de desarrollo y no puede ser aprovechado comercialmente.
“El productor cree que está enviando, por ejemplo, 440 kilos a faena, pero en realidad parte de ese peso corresponde al ternero con placenta, que finalmente se pierde. Además, está enviando su fábrica de terneros al frigorífico”, señaló.
Faena de vaquillas y reposición comprometida. El director ejecutivo de la MPCS también apuntó a otro fenómeno que, a su criterio, incide en la reducción del stock es la creciente faena de vaquillas jóvenes que aún no ingresaron al servicio reproductivo.
Recordó que hace dos décadas la faena se concentraba principalmente en vacas adultas, pero el cambio en el sistema productivo (donde la vaquilla pasó a tener precios similares al novillo) incentivó su envío temprano a frigorífico.
“Hoy se faenan vaquillas de dos años y medio que todavía no entraron a servicio. Estamos matando nuestra reposición de hembras”, alertó, al señalar que esta práctica reduce la base reproductiva del país.
Más que crédito, consenso sectorial. Para Sánchez, el problema no se resuelve únicamente con herramientas financieras. Si bien valoró el programa de retención de vientres impulsado por la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD), consideró que un fondo de USD 10 millones no constituye una solución estructural.
“En el estudio que realizamos se demuestra que es un tema complejo, sin una salida simple. Lo ideal sería generar un diálogo amplio y un consenso entre todos los actores de la cadena cárnica para abordar estos puntos antes de que el stock siga cayendo”, expresó.
En ese contexto, mencionó que el inicio del primer periodo de vacunación contra la fiebre aftosa del 2026 servirá como referencia para medir la evolución del hato. “Ojalá no tengamos una nueva caída, pero tampoco vemos señales claras de recuperación inmediata”, concluyó.
[Foto: Hugo Sánchez / Gentileza]


