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“Buen confort en el tambo nos dejó una brecha productiva de solo 5 litros entre invierno y verano”

Históricamente, los tambos más productivos del país encuentran su pico de rendimiento durante el invierno, cuando las temperaturas más frescas favorecen el confort animal y la eficiencia productiva. Sin embargo, ese patrón comienza a modificarse a partir de una mayor incorporación de tecnología, mejoras en bienestar animal y ajustes finos en el manejo, que permiten reducir cada vez más la brecha entre los meses fríos y el verano. La diferencia respecto al pico no supera los cinco litros, manifestó Hugo Kheler, propietario de Agromilk. Ese es el escenario que se observa hoy en el establecimiento lechero Agromilk, donde la producción estival se mantiene muy cerca de los máximos invernales. “Este año, con un verano un poco más fresco, la diferencia entre nuestro pico de producción —que suele darse entre junio y agosto— lo que estamos logrando ahora es de apenas tres a cuatro litros”, explicó el productor durante un recorrido realizado por Productiva. En el tambo, la inseminación y los partos se realizan durante todo el año, lo que permite sostener un flujo productivo constante. Si bien Kheler reconoce que aún no alcanzan los picos de 50 litros que logran otros establecimientos en invierno, destaca que su brecha estacional es reducida. “Hoy estamos con un máximo de 44 a 45 litros en algunos días, y la diferencia respecto al pico no supera los cinco litros”, detalló. Uno de los pilares de este desempeño está en el manejo del confort animal, particularmente en el sistema de compost barn. En Agromilk se implementaron dos esquemas diferenciados, con resultados claramente visibles. “Tenemos dos compost bar, pero uno de ellos incorpora túneles de viento en la pista de alimentación, con aspersión intensiva. Ahí vimos una diferencia muy marcada”, señaló. Según explicó, la combinación de ventilación dirigida y mayor aporte de agua permitió mejorar la eficiencia del enfriamiento de las vacas, reduciendo de forma significativa el estrés calórico. “El viento circula mejor dentro de los túneles y el agua se aprovecha más. Eso nos ayudó muchísimo y probablemente vayamos replicando este sistema en los otros galpones”, adelantó. El impacto de estas mejoras fue medido a través de herramientas digitales que permitieron evaluar el comportamiento animal y los indicadores productivos. “En el compost con túneles no tuvimos ni un solo día de estrés calórico en lo que va del verano. En cambio, en otros sistemas, como el free stall, el estrés se puede identificar claramente”, afirmó Kheler. Además del confort, la estrategia fue priorizar a las vacas de mayor potencial productivo. “Las vacas más productoras estaban en el sistema con mayor confort, y eso se reflejó en más litros. Pero donde realmente comprobamos la diferencia fue en la ausencia total de estrés calórico”, remarcó. Actualmente, el tambo trabaja con un promedio cercano a los 40 litros por vaca, un nivel que Kheler define como desafiante, pero sostenible. A ello se suma un buen desempeño reproductivo, favorecido por un 2025 con temperaturas más moderadas. “Fue un año tranquilo desde lo climático y eso nos ayudó mucho. Hoy estamos muy bien en reproducción y con una calidad de leche destacable, con 160 a 170 mil células somáticas”, precisó. De cara a los próximos pasos, el productor identifica nuevos desafíos estructurales, como la producción de fibra de calidad en un ambiente complejo por la humedad y el calor y, un mayor aprovechamiento del estiércol. “Estamos trabajando para llevar el estiércol a las chacras. Sabemos, por experiencias de otros países, que el impacto en los cultivos puede ser muy positivo, y queremos avanzar en ese camino”, concluyó. La experiencia de Agromilk refleja cómo la combinación de clima, manejo, tecnología y bienestar animal permite redefinir los límites productivos del verano, acercando cada vez más los rendimientos estivales a los históricos picos invernales de la lechería paraguaya. [Foto: Hugo Kheler, Agromilk / Gentileza]

Históricamente, los tambos más productivos del país encuentran su pico de rendimiento durante el invierno, cuando las temperaturas más frescas favorecen el confort animal y la eficiencia productiva. Sin embargo, ese patrón comienza a modificarse a partir de una mayor incorporación de tecnología, mejoras en bienestar animal y ajustes finos en el manejo, que permiten reducir cada vez más la brecha entre los meses fríos y el verano. La diferencia respecto al pico no supera los cinco litros, manifestó Hugo Kheler, propietario de Agromilk.

Ese es el escenario que se observa hoy en el establecimiento lechero Agromilk, donde la producción estival se mantiene muy cerca de los máximos invernales. “Este año, con un verano un poco más fresco, la diferencia entre nuestro pico de producción —que suele darse entre junio y agosto— lo que estamos logrando ahora es de apenas tres a cuatro litros”, explicó el productor durante un recorrido realizado por Productiva.

En el tambo, la inseminación y los partos se realizan durante todo el año, lo que permite sostener un flujo productivo constante. Si bien Kheler reconoce que aún no alcanzan los picos de 50 litros que logran otros establecimientos en invierno, destaca que su brecha estacional es reducida. “Hoy estamos con un máximo de 44 a 45 litros en algunos días, y la diferencia respecto al pico no supera los cinco litros”, detalló.

Uno de los pilares de este desempeño está en el manejo del confort animal, particularmente en el sistema de compost barn. En Agromilk se implementaron dos esquemas diferenciados, con resultados claramente visibles. “Tenemos dos compost bar, pero uno de ellos incorpora túneles de viento en la pista de alimentación, con aspersión intensiva. Ahí vimos una diferencia muy marcada”, señaló.

Según explicó, la combinación de ventilación dirigida y mayor aporte de agua permitió mejorar la eficiencia del enfriamiento de las vacas, reduciendo de forma significativa el estrés calórico. “El viento circula mejor dentro de los túneles y el agua se aprovecha más. Eso nos ayudó muchísimo y probablemente vayamos replicando este sistema en los otros galpones”, adelantó.

El impacto de estas mejoras fue medido a través de herramientas digitales que permitieron evaluar el comportamiento animal y los indicadores productivos. “En el compost con túneles no tuvimos ni un solo día de estrés calórico en lo que va del verano. En cambio, en otros sistemas, como el free stall, el estrés se puede identificar claramente”, afirmó Kheler.

Además del confort, la estrategia fue priorizar a las vacas de mayor potencial productivo. “Las vacas más productoras estaban en el sistema con mayor confort, y eso se reflejó en más litros. Pero donde realmente comprobamos la diferencia fue en la ausencia total de estrés calórico”, remarcó.

Actualmente, el tambo trabaja con un promedio cercano a los 40 litros por vaca, un nivel que Kheler define como desafiante, pero sostenible. A ello se suma un buen desempeño reproductivo, favorecido por un 2025 con temperaturas más moderadas. “Fue un año tranquilo desde lo climático y eso nos ayudó mucho. Hoy estamos muy bien en reproducción y con una calidad de leche destacable, con 160 a 170 mil células somáticas”, precisó.

De cara a los próximos pasos, el productor identifica nuevos desafíos estructurales, como la producción de fibra de calidad en un ambiente complejo por la humedad y el calor y, un mayor aprovechamiento del estiércol. “Estamos trabajando para llevar el estiércol a las chacras. Sabemos, por experiencias de otros países, que el impacto en los cultivos puede ser muy positivo, y queremos avanzar en ese camino”, concluyó.

La experiencia de Agromilk refleja cómo la combinación de clima, manejo, tecnología y bienestar animal permite redefinir los límites productivos del verano, acercando cada vez más los rendimientos estivales a los históricos picos invernales de la lechería paraguaya.

[Foto: Hugo Kheler, Agromilk / Gentileza]

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