El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, firmado recientemente tras más de 25 años de negociaciones, quedó momentáneamente en suspenso, luego de que el Parlamento Europeo resolviera remitir el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para evaluar su compatibilidad con los tratados comunitarios. La decisión implica, en los hechos, la paralización del proceso de ratificación hasta que la corte emita su dictamen.
La moción fue aprobada este miércoles por un margen estrecho: 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones, reflejando las profundas divisiones internas que genera el acuerdo dentro del bloque europeo. El planteo apunta a despejar dudas jurídicas clave antes de avanzar con su implementación.
Entre los puntos bajo análisis figura la validez legal del mecanismo de reequilibrio contemplado en el acuerdo, que algunos legisladores consideran potencialmente riesgoso para la autonomía regulatoria de la Unión Europea. También se cuestiona la base jurídica utilizada para su aprobación, ya que permitiría ratificar los capítulos estrictamente comerciales sin la intervención de los parlamentos nacionales de los Estados miembros.
Según los procedimientos habituales del TJUE, este tipo de consultas puede demorar entre 18 y 24 meses, aunque desde el propio tribunal señalaron que existe la posibilidad de priorizar el tratamiento del caso si las circunstancias lo ameritan.
Un acuerdo clave para el agro del Mercosur. Más allá del freno institucional en Europa, el acuerdo UE–Mercosur había generado altas expectativas en los países del bloque sudamericano, particularmente en el sector agropecuario. Para economías como la de Paraguay, el entendimiento representaba una oportunidad estratégica para mejorar el acceso a uno de los mercados más exigentes y de mayor poder adquisitivo del mundo, con beneficios concretos en materia de reducción arancelaria y previsibilidad comercial.
En el caso de Paraguay, el acuerdo abría perspectivas favorables para carne bovina, porcina, aviar y productos agroindustriales, consolidando al país como proveedor confiable de alimentos de alta calidad y con estándares sanitarios reconocidos. La posibilidad de competir con menores barreras de ingreso era vista como un paso clave para agregar valor, diversificar mercados y fortalecer la inserción internacional del complejo agroexportador.
Incertidumbre, pero sin cierre definitivo. La decisión del Parlamento Europeo no implica la caída del acuerdo, sino un impasse jurídico y político que añade incertidumbre a su futuro inmediato. El dictamen del TJUE será determinante para definir si el tratado puede avanzar en su actual formato o si requerirá ajustes para alinearse plenamente con el marco legal de la Unión.
Mientras tanto, en el Mercosur persiste la expectativa de que el proceso se destrabe, conscientes de que el acuerdo sigue siendo una pieza central en la estrategia de inserción internacional del bloque, especialmente en un contexto global marcado por tensiones comerciales, mayor proteccionismo y competencia por mercados de alto valor.
[Foto: Protesta – agricultores europeos / Archivo]


