El presidente de la Fundación de Servicios de Salud Animal (Fundassa), Mario Apodaca, advirtió que el principal desafío de la ganadería paraguaya no pasa hoy por aumentar el número de cabezas, sino por mejorar la eficiencia productiva y devolverle la previsibilidad al negocio, en un contexto donde los incentivos para invertir siguen siendo limitados. Recordó que el stock bovino nacional está estancado hace más de una década y este 2026, probablemente, tampoco crezca, ya que, siendo realistas, “podría mantenerse en torno a 12.9 millones de cabezas”.
En entrevista con Productiva, el presidente de Fundassa fue cauto respecto a la evolución del stock bovino en 2026:
“Si somos realistas, este año el hato, probablemente, no crezca y podría mantenerse en torno a 12.9 millones de cabezas. Ojalá que, si hay una caída, sea mínima, porque recuperar el hato ganadero no es fácil”.
En este sentido, subrayó que mejorar la productividad y recuperar el stock ganadero requiere inversión, ya sea en compra de vientres, genética, inseminación artificial o transferencia embrionaria, procesos que demandan tiempo y capital.
“El ciclo ganadero es de dos a tres años. Sin precios justos y sin previsibilidad, no hay condiciones para asumir ese riesgo”, afirmó.
Explicó que Paraguay continúa exhibiendo bajos índices de productividad, con porcentajes de marcación cercanos al 50 % a nivel país. Si bien en establecimientos grandes ese indicador puede alcanzar el 70 %, en la producción familiar cae al rango de entre el 40 % y 45 %, lo que refleja una brecha estructural que requiere asistencia técnica, tecnología y mejores condiciones económicas. “El objetivo es claro: lograr que por cada 100 vacas se obtenga un mayor número de terneros”, sostuvo.
Recordó que el hato ganadero no solo se estancó, sino que “se redujo en más de un millón de cabezas en los últimos años”, como resultado de una combinación de factores adversos. A las sequías prolongadas, incendios forestales y eventos climáticos extremos registrados entre 2019 y 2024, se sumaron en los últimos años precios desfavorables para el productor, que les obligaron a muchos ganaderos a vender vientres para poder cumplir con compromisos financieros y sostener sus explotaciones.
“Cuando el precio no acompaña, el productor se desprende de su principal herramienta de producción, que es la vaca. Eso explica gran parte de la caída del hato”, señaló Apodaca, al tiempo de remarcar que, si bien durante gran parte de 2025 se observó una leve recuperación, la caída de los precios en el último trimestre y la baja del tipo de cambio volvieron a golpear la rentabilidad.
En ese contexto, cuestionó, finalmente, la falta de transparencia en la formación de precios y la relación con la industria frigorífica. Según indicó, el productor es tomador de precios, recibe menos ingresos, mientras que el consumidor final enfrenta valores elevados en góndola, una situación que termina desincentivando la inversión en el eslabón primario.
[Foto: Mario Apodaca / Archivo / Productiva C&M]


