Campos agrícolas orientados a la producción de heno
Debido a la tremenda necesidad experimentada en el Chaco paraguayo a causa de la sequía extrema, algunas unidades orientadas a la producción de rubros agrícolas de alta performance tuvieron que acompañar la coyuntura para encontrar una oportunidad de negocios, por una parte, y, por otra, para brindar ayuda a otros productores que necesitaban reservas forrajeras. Una de esas experiencias fue recogida por Productiva en el campo de Adolfo Hasse, propietario de Andopar S.A., ubicado en el km 61 de la Ruta 1, Paraguarí, capital del noveno departamento de Paraguarí. El productor que atendió al equipo periodístico de Productiva comentó que allí siempre están preocupados por reestructurar el suelo con la rotación de cultivos, pero en esta oportunidad, debido a la caída de los precios y el elevado costo de producción, no pudieron sembrar trigo en el invierno, como el año pasado. Ante esta realidad, en este suelo se incorporó avena, acevén y centeno para asistir a la parte ganadera, principalmente de la región Occidental del país. Hasse resaltó que el trabajo realizado en este campo permitió mejorar la condición del suelo, ya que se lo enriqueció mediante la rotación de cultivos, siembra directa y la adaptación de las tecnologías a este terreno que por muchos años –antes de la llegada de este grupo- albergó una ganadería tradicional y de poca ganancia, justamente por las limitaciones del suelo. “Empezamos desde abajo en este campo, llegando a rindes iniciales de soja muy reducidos, pero con el tiempo se mejoraron los suelos, realizamos trabajos agronómicos y de canalización para un mejor manejo de agua en campos bajos. Mediante eso logramos rindes de soja de 4000 kg, 6500 kilos de maíz y más de 3000 kg de trigo”, expresó. Considerando el manejo altamente eficiente que se desarrolló en este campo, los resultados de análisis de suelo respaldan el trabajo realizado, ya que indican tenores de 40 a 60 ppm de fósforo, luego de haber tenido mucha limitación. “Desde el 2013 al 2020 es otro suelo y se ve que cada año va mejorando”, añadió. Mediante la apuesta realizada en cobertura en este campo, hoy en día se destina menos inversiones para la reposición de nutrientes en el suelo, que ya está en condiciones de responder a las exigencias de los cultivos. “Es importante hacer el análisis del suelo, saber qué abono elegir para la próxima zafra de soja. Hay muchas parcelas con alto contenido de nutrientes; por lo tanto, en vez de gastar USD 150, bajamos a USD 80”, precisó. Durante el invierno destinaron 550 hectáreas a cultivos de hoja fina como acevén, centeno y avena y en otras 120 hectáreas, en donde se registraba una leve compactación, se incorporó el nabo forrajero para un movimiento del suelo en forma biológica. En estos campos agrícolas se lograron 22 fardos de 300 kg cada uno de avena, 18 fardos de centeno y 12 de acevén, en promedio. “Esos números son espectaculares porque no hay mucha inversión, ya que no es como el trigo que se debe pasar fungicidas e insecticidas, es decir, tenemos menos gastos en este esquema”, enfatizó. Adolfo comentó que además de obtener reservas forrajeras de alta calidad, el suelo de igual forma queda con rastrojos que lo cubren y que le brindarán una buena cama para el próximo cultivo a sembrar: la soja. Acotó que el acevén, por ejemplo, posee muchas raíces, lo que ayuda a filtrar mayor cantidad de agua. Además, cada cultivo tiene una forma de enraizamiento que contribuye a controlar nematodos y reducir la compactación del suelo. “La rotación es siempre importante; no hacer siempre trigo o maíz, sino hacer algo diferente que ayude a mejorar el suelo”, destacó. Manejo A su vez, Daniel Ceuppens, de la empresa Avati S.A., prestadora de servicios, comentó que en este campo tomaron el desafío de confeccionar heno de avena, centeno, acevén, zuri y MG-5. Indicó que con respecto a otros tipos de henificación, la principal diferencia es que la avena y el centeno se caracterizan por tener grano, lo que representa un aporte en cuanto a energía para los animales. “Sería un muy buen diferencial a la hora del suministro a los animales, además de tener mejor rendimiento”, indicó. Expresó que dentro de este trabajo coordinado se buscan plantas con grano maduro y forraje bien verde, de modo a conseguir buena energía y alta calidad forrajera. En cuanto al porte de la avena y del centeno, explicó que es muy similar al de los follajes verdes en la parte inferior y granos bien cargados, aunque la literatura habla de alguna mínima diferencia. Mencionó que, en promedio, el heno tiene entre 11 y 12 % de proteína, además de los granos, que es su mayor diferencial. En el caso del acevén, posee un porcentaje de proteína superior cercano al 15 o 16 %, con un forraje diferenciado en cuanto a calidad. “Habría una gran diferencia, sobre todo en este campo agrícola donde el cultivo fue cuidado y tratado con fungicidas, se lo cuidó contra malezas, es decir, es un forraje muy inocuo y en un terreno bien nivelado y parejo se obtiene un forraje que no posee muchas cenizas”, agregó. Una de las ventajas encontradas debido al manejo del suelo, es que gracias a la nivelación se pudo utilizar equipos más grandes y eficientes; es decir, se puede trabajar tranquilamente sin la preocupación de encontrar alambres o cosas muy tradicionales en campos ganaderos. Añadió que el trabajo de suelo que tiene este campo ayuda a la buena regulación de los equipos y a que el heno levantado tenga muy pocas impurezas, ya sea por tierra o cualquier cosa que pueda afectar a la inocuidad del producto. “En el arranque del proceso nosotros estamos utilizando segadoras acondicionadoras con mayales, que son las más indicadas para gramíneas. Estas facilitan el secado, aumentan la velocidad y hacen que sea más homogéneo el producto final”, precisó.


