La campaña de maíz zafriña 2026 registró una fuerte presión de orugas que obligó a invertir en activos nuevos y más potentes, para control de poblaciones cada vez más resistentes. El aumento de costos elevó el punto de equilibrio de 3600 kg/ha a 4000 kg/ha. A esta problemática se sumó la reaparición de bipolaris, una enfermedad fúngica que resurge con fuerza por el mayor inóculo en el suelo y la sensibilidad de algunos híbridos, afirmó en Nación Productiva, Junior Schmit, productor de la zpunto de equilibrio, departamento de Canindeyú.
El productor señaló que este 2026 fue un año marcado por una fuerte presión de plagas, tanto en la soja de verano que ya registró una fuerte presencia de chinches, lo que luego se trasladó al maíz zafriña y a esto se sumó el ataque de orugas.
El productor indicó que la población resistente de orugas aumentó, lo cual obligó a utilizar nuevas herramientas. “Incluso tuvimos un intervalo sin lluvias que también resultó en una menor eficiencia de los productos. Entonces, se juntaron la resistencia y la población alta con un clima un poco adverso”, acotó y agregó que la suma de estos factores resultó en una presión bastante severa.
Subrayó que esta situación hizo que aumentara considerablemente el costo inicial. “En los últimos años lo que comprábamos se utilizaba, incluso una y otra cosa a veces sobraba en nuestro stock, y este año tuvimos que recomprar algunos activos nuevos por lo que los que teníamos ya no estaban funcionando”, remarcó.
Este nuevo escenario obligó a guardar algunas herramientas que no estaban funcionando más e invertir en otras más nuevas y potentes para el control. Schmit comentó que con el costo inicial antes de la siembra el punto de equilibrio rondaba alrededor de los 3600 a 3700 kg/ha, pero con el incremento de los costos llegó a los 4000 kg/ha. “Empecé con 3600 a 3700 kilos estimados por hectárea de costo completo, con mis insumos, semilla y todo. Pero por el incremento de compras de activos nuevos para las orugas se aproximaron de los 4000 kg/ha”, enfatizó.
En ese mismo sentido, resaltó la reaparición de una enfermedad importante en el maíz que es el bipolaris. “Es una enfermedad antigua, pero que está resurgiendo ahora en nuestro maíz, cada año que pasa el número de inóculos es mayor porque es un hongo necrotrófico. Entonces es algo que tenemos que estar atentos porque los principales híbridos están viniendo con extrema tolerancia a cigarrita (Dalbulus maidis). Y por eso uno que otro híbrido está viniendo con sensibilidad a bipolaris, que es una enfermedad que puede hasta causar daños significativos como también la cigarrita”, expresó.
Agregó que esta enfermedad tiene una disipación muy rápida, con gran número de inóculos y de esporulación muy rápida. “Entonces tenés que entrar temprano con activos que tienen buena eficiencia y rotar activos. Yo trabajé con prothioconazole, que tiene una óptima eficiencia en el control de bipolaris, pero no da un residual tan largo. Entonces para dar ese residual un poco más largo utilicé de carboxamida. Hay muchas carboxamidas con buena eficiencia”, manifestó.
El productor recomendó para el control de bipolaris una entrada temprana con activos con buena eficiencia, “y si es posible la utilización de carboxamidas, que te van a dar un residual interesante para que hasta la próxima aplicación tenga una buena protección de tus hojas de la parte inferior”, agregó.
En cuanto a nutrición, señaló que se pudieron adquirir con tiempo los fertilizantes para esta campaña, por lo que no hubo incremento significativo en las compras de los insumos, principalmente, nitrógeno.
En este contexto, mencionó que la expectativa es buena y la idea es apuntar a un promedio de 9000 kg/ha, pero que, si se cosecha 8500 kilos en promedio, ya estaría superando 1000 kilos más a la cosecha del año pasado, considerando que la campaña pasada estuvo marcada por complicaciones climáticas.
[Foto: Junior Schmit / Archivo / Productiva C&M]


