El girasol empieza a posicionarse como una alternativa rentable y estratégica para diversificar la producción agrícola en el Chaco paraguayo, en un escenario donde la dependencia exclusiva de la soja sigue representando un alto riesgo para los productores. Así lo destacó el Ing. Hernán Fernández, director de Kurepakue, durante una entrevista concedida a Productiva TV, en el marco de la Expo Pioneros, donde resaltó las buenas perspectivas que observan para este cultivo en la región.
Fernández explicó que la campaña agrícola 2025-2026 mostró una recuperación respecto al ciclo anterior, que calificó como “catastrófico”, aunque reconoció que los resultados siguen siendo variables según la zona y las condiciones climáticas. En ese contexto, afirmó que la estrategia productiva en el Chaco debe centrarse en la diversificación de cultivos, actividades y fechas de siembra.
“El Chaco no tiene receta”, señaló el productor, al referirse a las dificultades que implica hacer agricultura en una región marcada por las altas temperaturas y la irregularidad climática. Por ello, indicó que este año trabajaron con soja, maíz, girasol y poroto mung, buscando reducir riesgos y sostener la rentabilidad.
Sobre el girasol, Fernández sostuvo que el cultivo genera “mucha ilusión” por el potencial que está mostrando en el Chaco. Comentó que, manejando correctamente la fecha de siembra y la cosecha, el cultivo podría convertirse en una alternativa concreta para disminuir la dependencia de la soja.
Según explicó, uno de los principales desafíos del girasol son los daños ocasionados por las aves, especialmente las palomas. Para reducir ese impacto, Kurepakue optó por híbridos con capítulos inclinados hacia abajo, dificultando el acceso de los pájaros al grano. Además, remarcó la importancia de realizar una cosecha rápida, incluso con algo más de humedad, para evitar pérdidas.
“El juego está en levantar rápido el cultivo para que el esfuerzo de seis meses no se vaya en diez minutos”, expresó.
El directivo también destacó que el periodo reproductivo del girasol no debe coincidir con los picos extremos de calor característicos del Chaco. En ese sentido, indicó que la mejor ventana de siembra se ubica durante febrero, evitando tanto las siembras tempranas de septiembre y octubre como las tardías de marzo.
En cuanto a expectativas productivas, Fernández señaló que apuntan a rendimientos cercanos a los 1700 kilos por hectárea, cifra que permitiría obtener una renta interesante incluso en campos alquilados. Explicó que el punto de equilibrio ronda entre 1450 y 1480 kilos por hectárea, incluyendo todos los costos operativos y logísticos.
Respecto a los demás cultivos, comentó que la soja logró rendimientos cercanos a 1900 kilos por hectárea en algunos lotes, mientras que el maíz cumplió principalmente una función de mejora del suelo para la siguiente campaña. El poroto mung, en tanto, sigue formando parte del esquema productivo como “buffer de riesgo”, debido a que en campañas anteriores ayudó a sostener financieramente a la empresa cuando la soja fracasó.
Fernández también valoró el acompañamiento de la firma Nutrex, con la cual mantienen una alianza estratégica enfocada en el desarrollo agrícola del Chaco.
Finalmente, reiteró que el gran objetivo en la región sigue siendo lograr cosechas estables y sostenibles. “La clave acá está en cosechar y medir resultados”, afirmó, convencido de que el girasol puede transformarse en una nueva oportunidad para la agricultura chaqueña.
[Foto: Ing. Hernán Fernández – stand de Productiva TV / Productiva C&M]


