Las cuotas de importación de carne bovina impuestas por China ya son vistas por el mercado como medidas definitivas, al menos durante el período de vigencia establecido (2026-2028), y sin ninguna posibilidad de revocación por parte de Pekín. Aun así, el gobierno y el sector privado de Brasil insisten en convencer a los chinos de flexibilizar las reglas para ampliar el volumen autorizado este año, mediante eventuales sobrantes de otros países.
Las experiencias del primer año de vigencia de la medida dejarán aprendizajes para ambas partes. Los exportadores brasileños saben que no tendrán la regulación estatal esperada, que deberán buscar equilibrio en las ventas a China entre las empresas e intensificar la búsqueda de nuevos mercados para dar mayor volumen de exportación a otros destinos. Por su parte, los importadores consideran que la medida refleja cambios globales en el mercado de la carne y que puede alterar aún más las cotizaciones de las cargas negociadas con los frigoríficos y los precios para el consumidor final chino.
La semana pasada, la Asociación Brasileña de las Industrias Exportadoras de Carnes (Abiec) reforzó ante el Ministerio de Comercio de China (Mofcom) el pedido para que Brasil pueda recibir eventuales volúmenes de cuotas no utilizados por otros exportadores. El volumen autorizado para los frigoríficos brasileños es de 1,1 millones de toneladas. En total, China distribuyó 2,6 millones de toneladas entre los proveedores para 2026.
“No cerraron la puerta, pero dijeron que por ahora no analizarán eso y que dependerá de cuándo termine la cuota”, afirmó Roberto Perosa, presidente de la entidad. “No hay perspectiva de cancelar la cuota. Debe mantenerse durante los tres años”, sostuvo durante un encuentro con importadores.
El secretario de Comercio y Relaciones Internacionales del Ministerio de Agricultura, Luis Rua, afirmó en Brasilia el miércoles (13/5) que volverá a plantear el pedido durante la reunión que mantendrá con autoridades chinas en Pekín la próxima semana. El ministro de Agricultura, André de Paula, también participará de la agenda.
En este primer año de vigencia hubo una aceleración de las faenas para cumplir con la cuota y se prevé una reducción de escalas a partir de junio. El propietario de un frigorífico, cuya producción se destina mayoritariamente a China informó que tiene cerca de 200 empleados en aviso previo. Si no hay cambios o flexibilizaciones, los despidos podrían concretarse el próximo mes.
Perosa destacó la necesidad de buscar alternativas para reducir la dependencia del mercado chino, como la apertura de mercados en Japón, Turquía y Corea del Sur, la ampliación de plantas habilitadas para Vietnam y la inclusión de otros productos, como menudencias, en negociaciones con socios estratégicos, como Sudáfrica.
Del lado de los importadores, la cuota es vista de forma aún más pragmática. “Desde el punto de vista de la industria, esta política no debe interpretarse meramente como una medida restrictiva. Refleja tres realidades estructurales más profundas: China intenta reequilibrar la relación entre la carne importada y su industria pecuaria; está entrando en una fase de gestión de importaciones agrícolas más orientada por políticas y sistematizada; y la era de expansión ilimitada del suministro global de carne bovina está llegando a su fin”, afirmó Mark Zang, CEO de JinShangXu International, trading importadora de carne bovina de Chongqing.
Los importadores enfrentan un escenario paradójico, con fuerte demanda combinada con una oferta más restringida, influenciada por el ciclo ganadero de Estados Unidos, las presiones ambientales y de costos en Brasil y la volatilidad climática en Australia.
“La industria global está migrando gradualmente de un modelo de expansión de volumen a un modelo de seguridad de abastecimiento. Y esta transición está remodelando profundamente la lógica de precios, las estrategias de compra y la competencia internacional”, observó Zang.
El inminente agotamiento total de la cuota brasileña, previsto por el importador mucho antes de finalizar el tercer trimestre del año, podría generar importantes efectos en el mercado chino, como la aceleración de embarques y despachos aduaneros para garantizar espacio dentro de la cuota, además de ajustes en las estrategias de stock de distribuidores y empresas de food service, con compras realizadas más anticipadamente de lo habitual.
Sin embargo, el principal impacto se daría en los precios. “La volatilidad de precios entre distintos orígenes puede intensificarse, particularmente entre Brasil y proveedores alternativos como Argentina, Uruguay o Australia”, evaluó.
Roberto Perosa, de Abiec, indicó que desde la imposición de la cuota el precio de negociación de los cortes delanteros bovinos subió de USD 5600 por tonelada a USD 7000, aunque esa cotización ya se estabilizó. El nivel es considerado positivo dependiendo del costo de la materia prima, ya que el precio de la arroba del ganado aumentó cerca de 20 % en el mismo período, según se lee en Globo Rural.
Los precios de la carne bovina para el consumidor final en China tuvieron un comportamiento similar. “Subieron mucho y luego se estabilizaron. Eso redujo parte de los márgenes de los importadores”, señaló Perosa.
A pesar del crecimiento del consumo de carne bovina en China, la carne porcina sigue siendo la principal proteína consumida por la población. Por ello, el aumento de precios de la carne vacuna no generó grandes impactos en la economía local, según una fuente que trabaja en Pekín.
Mark Zang fue más allá y señaló que no será solamente el precio lo que definirá los negocios del mercado de carne bovina en el corto plazo. Según afirmó, los consumidores están cada vez más atentos a la seguridad alimentaria y a la confiabilidad de la cadena de suministro tras años de interrupciones geopolíticas, presión inflacionaria e inestabilidad logística.
[Foto: Carne bovina / Archivo / Productiva C&M]


