El desarrollo de combustibles sostenibles empieza a ganar terreno en la agenda global y abre una ventana de oportunidad para el agro. Un estudio realizado en Brasil indica que el uso de canola como materia prima para producir combustible de aviación sostenible (SAF) podría reducir hasta un 55 % las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con el queroseno tradicional.
El análisis fue elaborado por Embrapa y se basa en una evaluación integral del proceso productivo, conocida como análisis de ciclo de vida. Esta metodología considera todas las etapas, desde el cultivo de la materia prima hasta el uso final del combustible en aeronaves, permitiendo medir el impacto ambiental completo de la cadena.
Según explicó la analista Priscila Sabaini, el escenario de reducción máxima responde a condiciones ideales aún no alcanzables en la práctica. Si bien el potencial existe, actualmente enfrenta limitaciones técnicas y regulatorias que condicionan su implementación a gran escala.
Uno de los principales obstáculos es el límite en la mezcla del SAF con el combustible convencional. En el caso del biocombustible tipo HEFA (producido a partir de aceites y grasas), la normativa vigente permite una sustitución de hasta el 50 % del queroseno tradicional. Esto implica que, incluso con mayor adopción, la aviación aún dependerá parcialmente de combustibles fósiles.
En ese sentido, los resultados del estudio deben leerse como una proyección de potencial más que como un resultado inmediato. El avance dependerá de variables clave como el desarrollo tecnológico, la escala de producción y los ajustes regulatorios en la industria aeronáutica.
El trabajo fue desarrollado en conjunto con el Laboratorio de Energía y Ambiente de la Universidad de Brasilia y equipos técnicos de Embrapa, y se enmarca dentro de un debate global cada vez más relevante: cómo descarbonizar sectores intensivos en energía, donde el agro aparece como proveedor estratégico de materia prima.
Más allá del caso brasileño, el estudio deja una señal para la región. La integración entre agricultura y energía podría convertirse en un nuevo eje de negocio, especialmente en cultivos como la canola, que empiezan a posicionarse no solo por su valor alimentario, sino también por su potencial energético.
[Foto: Cultivo de canola / Archivo / Productiva C&M]


