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Cultivo de maíz zafriña se recupera en Guairá tras un arranque difícil

El maíz zafriña en la zona de Colonia Independencia, Guairá, logra recomponerse tras un inicio marcado por la sequía que se extendió de enero a casi marzo, explicó a Productiva, el Ing. Agr. Marvi Escher, directivo de la Estancia del Grupo Escher. La campaña arrancó con un “pequeño desespero”, la empresa tenía contrato bajo sistema barter con una empresa del sector (insumos a cambio de granos), y todo el equipo listo, pero sin la lluvia necesaria. Agregó que, bajo este sistema el punto de equilibrio se ubica entre los 4500 a 5000 kg/ha, incluyendo cosecha, flete e insumos. La siembra comenzó el 10 de febrero, fecha ideal si hay humedad, aunque el suelo estaba tan duro que el disco de corte de la sembradora no entraba. “Teníamos semillas en el galpón, productos químicos, pero lo más importante, la lluvia, faltaba”, señaló. La primera lluvia tardó 12 a 15 días después de la implantación y fue muy zonificada, 20 mm en la parte norte de la estancia y solo 7 mm a 500 metros, en el sector sur. Eso generó germinación despareja. Luego las precipitaciones se normalizaron y fue favoreciendo a las siembras más tardías. Pese al riesgo que implicó la falta de lluvias, se mantuvo el manejo con insecticidas, fungicidas y herbicidas, ajustando la inversión según la respuesta del cultivo. “Si el cultivo no te responde, quitás un poco el pie del acelerador para que la pérdida no sea tan grande”, indicó Escher. Hoy, el productor estima que un 15 % del área fue golpeada por la falta de humedad y el resto evoluciona saludable, con buena esperanza de rinde. El susto más reciente fue una mínima de 4°C, crítica porque el maíz está en llenado de granos, etapa muy sensible a heladas. Comentó que la alianza fue con la empresa Agrofértil para implementar el sistema barter y que bajo este sistema el punto de equilibrio ronda los 4500 a 5000 kg/ha, incluyendo cosecha, flete e insumos. En esta zafriña, el 60 % del área de la unidad productiva fue destinada a maíz, 25 % a trigo y el resto a cobertura con Brachiaria ruziziensis y avena, principalmente, en suelos en proceso de recuperación tras años de caña dulce. Todo el maíz se sembró en febrero, hasta el 15 como fecha ideal, para evitar heladas. La cosecha se prevé entre julio y agosto, y luego entrará soja. En ese sentido, Escher remarcó que la clave es no dejar el suelo descubierto. “Lo mejor que se puede hacer es no dejar el suelo sin ninguna planta. Ahí vendrían las malezas”, advirtió. Subrayó que, con ruziziensis se cubre bien el suelo y el manejo de malezas es más barato. “En cambio, si aparecen malezas de hoja ancha, el costo de desecación y preparación para la siguiente soja se dispara”, concluyó. [Foto: Plantación de maíz / Gentileza Ing. Agr. Marvi Escher]

El maíz zafriña en la zona de Colonia Independencia, Guairá, logra recomponerse tras un inicio marcado por la sequía que se extendió de enero a casi marzo, explicó a Productiva, el Ing. Agr. Marvi Escher, directivo de la Estancia del Grupo Escher. La campaña arrancó con un “pequeño desespero”, la empresa tenía contrato bajo sistema barter con una empresa del sector (insumos a cambio de granos), y todo el equipo listo, pero sin la lluvia necesaria. Agregó que, bajo este sistema el punto de equilibrio se ubica entre los 4500 a 5000 kg/ha, incluyendo cosecha, flete e insumos.

La siembra comenzó el 10 de febrero, fecha ideal si hay humedad, aunque el suelo estaba tan duro que el disco de corte de la sembradora no entraba. “Teníamos semillas en el galpón, productos químicos, pero lo más importante, la lluvia, faltaba”, señaló.

La primera lluvia tardó 12 a 15 días después de la implantación y fue muy zonificada, 20 mm en la parte norte de la estancia y solo 7 mm a 500 metros, en el sector sur. Eso generó germinación despareja. Luego las precipitaciones se normalizaron y fue favoreciendo a las siembras más tardías.

Pese al riesgo que implicó la falta de lluvias, se mantuvo el manejo con insecticidas, fungicidas y herbicidas, ajustando la inversión según la respuesta del cultivo. “Si el cultivo no te responde, quitás un poco el pie del acelerador para que la pérdida no sea tan grande”, indicó Escher.

Hoy, el productor estima que un 15 % del área fue golpeada por la falta de humedad y el resto evoluciona saludable, con buena esperanza de rinde. El susto más reciente fue una mínima de 4°C, crítica porque el maíz está en llenado de granos, etapa muy sensible a heladas.

Comentó que la alianza fue con la empresa Agrofértil para implementar el sistema barter y que bajo este sistema el punto de equilibrio ronda los 4500 a 5000 kg/ha, incluyendo cosecha, flete e insumos.

En esta zafriña, el 60 % del área de la unidad productiva fue destinada a maíz, 25 % a trigo y el resto a cobertura con Brachiaria ruziziensis y avena, principalmente, en suelos en proceso de recuperación tras años de caña dulce. Todo el maíz se sembró en febrero, hasta el 15 como fecha ideal, para evitar heladas. La cosecha se prevé entre julio y agosto, y luego entrará soja.

En ese sentido, Escher remarcó que la clave es no dejar el suelo descubierto. “Lo mejor que se puede hacer es no dejar el suelo sin ninguna planta. Ahí vendrían las malezas”, advirtió.

Subrayó que, con ruziziensis se cubre bien el suelo y el manejo de malezas es más barato. “En cambio, si aparecen malezas de hoja ancha, el costo de desecación y preparación para la siguiente soja se dispara”, concluyó.

[Foto: Plantación de maíz / Gentileza Ing. Agr. Marvi Escher]

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