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Menos stock y caída de novillos ajustan la oferta ganadera en Argentina

Como viene pasando en casi todo el mundo, Argentina también registró una baja en su stock bovino, profundizando un proceso que se arrastra desde 2019 y que hoy tiene un punto crítico en la escasez de novillos, una categoría clave para la productividad y el peso de faena. El dato no es menor para la dinámica del negocio. La caída acumulada de novillos en los últimos 15 años ronda el 55 %, lo que ayuda a explicar el menor peso promedio de faena y sus implicancias tanto en el abastecimiento interno como en la competitividad exportadora. De acuerdo con datos publicados por Valor Carne, el rodeo argentino se ubicó en 50,9 millones de cabezas al cierre de 2025, lo que representa una reducción de 704 mil animales (-1,4 %) respecto al año anterior. El nivel actual se mantiene por debajo del pico alcanzado en 2018, cuando el stock llegó a 55 millones tras la recuperación posterior a la liquidación de 2008-2009. Desde ese máximo, el comportamiento ha sido mayormente descendente, con caídas sostenidas en casi todos los años, a excepción de 2022. Factores climáticos, como tres campañas de sequía extrema, y condiciones de política sectorial adversas, aparecen entre los principales condicionantes de este proceso, en un contexto donde los precios del ganado mostraron niveles relativamente firmes. Al observar la estructura del rodeo, los ajustes no fueron homogéneos. Las mayores caídas se registraron en categorías adultas, con los novillos retrocediendo 5,4 % y las vacas 2,4 %. En contrapartida, los novillitos mostraron una expansión de 3,6 %, mientras que las vaquillonas se mantuvieron prácticamente estables. En categorías más jóvenes, los terneros también reflejaron una leve contracción, con bajas de 1,1 % en machos y 1,6 % en hembras. En términos absolutos, la mayor pérdida se concentró en vacas, con una reducción de 520 mil cabezas, seguidas por novillos y terneras. Más allá del número total, la composición del rodeo empieza a marcar señales más finas. La reducción sostenida de novillos, combinada con un mayor peso de categorías más livianas, condiciona la capacidad de generar volumen de carne por animal, lo que impacta directamente en la eficiencia del sistema. Aun así, dentro de este escenario aparecen algunos indicios de reacomodamiento. El crecimiento en categorías intermedias como novillitos sugiere un posible cambio en la dinámica productiva, aunque todavía incipiente frente al deterioro acumulado en los últimos años. El proceso deja a la ganadería argentina en una etapa de transición, donde la recomposición de categorías y las decisiones productivas serán determinantes para revertir la tendencia. La disponibilidad de animales pesados y la capacidad de sostener ciclos más largos vuelven a estar en el centro de la discusión. [Foto: Ganado bovino / Archivo / Productiva C&M]

Como viene pasando en casi todo el mundo, Argentina también registró una baja en su stock bovino, profundizando un proceso que se arrastra desde 2019 y que hoy tiene un punto crítico en la escasez de novillos, una categoría clave para la productividad y el peso de faena.

El dato no es menor para la dinámica del negocio. La caída acumulada de novillos en los últimos 15 años ronda el 55 %, lo que ayuda a explicar el menor peso promedio de faena y sus implicancias tanto en el abastecimiento interno como en la competitividad exportadora.

De acuerdo con datos publicados por Valor Carne, el rodeo argentino se ubicó en 50,9 millones de cabezas al cierre de 2025, lo que representa una reducción de 704 mil animales (-1,4 %) respecto al año anterior. El nivel actual se mantiene por debajo del pico alcanzado en 2018, cuando el stock llegó a 55 millones tras la recuperación posterior a la liquidación de 2008-2009.

Desde ese máximo, el comportamiento ha sido mayormente descendente, con caídas sostenidas en casi todos los años, a excepción de 2022. Factores climáticos, como tres campañas de sequía extrema, y condiciones de política sectorial adversas, aparecen entre los principales condicionantes de este proceso, en un contexto donde los precios del ganado mostraron niveles relativamente firmes.

Al observar la estructura del rodeo, los ajustes no fueron homogéneos. Las mayores caídas se registraron en categorías adultas, con los novillos retrocediendo 5,4 % y las vacas 2,4 %. En contrapartida, los novillitos mostraron una expansión de 3,6 %, mientras que las vaquillonas se mantuvieron prácticamente estables.

En categorías más jóvenes, los terneros también reflejaron una leve contracción, con bajas de 1,1 % en machos y 1,6 % en hembras. En términos absolutos, la mayor pérdida se concentró en vacas, con una reducción de 520 mil cabezas, seguidas por novillos y terneras.

Más allá del número total, la composición del rodeo empieza a marcar señales más finas. La reducción sostenida de novillos, combinada con un mayor peso de categorías más livianas, condiciona la capacidad de generar volumen de carne por animal, lo que impacta directamente en la eficiencia del sistema.

Aun así, dentro de este escenario aparecen algunos indicios de reacomodamiento. El crecimiento en categorías intermedias como novillitos sugiere un posible cambio en la dinámica productiva, aunque todavía incipiente frente al deterioro acumulado en los últimos años.

El proceso deja a la ganadería argentina en una etapa de transición, donde la recomposición de categorías y las decisiones productivas serán determinantes para revertir la tendencia. La disponibilidad de animales pesados y la capacidad de sostener ciclos más largos vuelven a estar en el centro de la discusión.

[Foto: Ganado bovino / Archivo / Productiva C&M]

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