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Transferencia embrionaria gana terreno, pero “sin base productiva el impacto se diluye”

Pese a su gran beneficio, la transferencia embrionaria todavía enfrenta un cuello de botella estructural en los sistemas ganaderos, tales como la falta de condiciones básicas para que esa inversión se traduzca en resultados productivos y económicos. Así lo planteó Diego Hernaez, titular de VitroTech y miembro de la comisión técnica de la Asociación Paraguaya de Criadores de Braford, quien advirtió que la incorporación de biotecnología debe responder a una lógica de proceso y no de salto inmediato. “La transferencia embrionaria es probablemente la herramienta de mayor impacto, tanto en calidad como en velocidad de mejora genética. Uno puede tomar genética que fue desarrollada durante 40 años y multiplicarla en un solo año”, explicó. Sin embargo, fue categórico al señalar que ese potencial solo se concreta si el sistema productivo está preparado para sostenerlo. En ese sentido, remarcó que muchas veces se intenta avanzar hacia tecnologías de punta sin haber resuelto previamente aspectos estructurales del establecimiento. “No se puede tener una casa de dos pisos sin haber hecho los cimientos y la escalera”, graficó, en referencia a la necesidad de ordenar variables como manejo, sanidad y nutrición antes de escalar en biotecnología. El planteo no es menor en un contexto donde la presión por eficiencia es creciente, tanto por costos como por exigencias de mercado. La posibilidad de acortar los ciclos de mejora genética aparece como una ventaja competitiva clara, pero también como un riesgo si no se ejecuta con criterio técnico. Hernaez enmarca este proceso dentro de una evolución más amplia que viene atravesando la ganadería paraguaya, particularmente en razas como Braford. Según explicó, el posicionamiento actual no responde a un salto reciente, sino a más de dos décadas de incorporación sostenida de herramientas como inseminación artificial, selección de reproductores y transferencia embrionaria. “Hoy el Braford es una de las razas pilares de la ganadería paraguaya, con muy buena adaptación y calidad de carne”, afirmó. No obstante, señaló que el desafío sigue siendo lograr que esa genética de punta llegue con mayor profundidad a los rodeos comerciales. Ahí vuelve a aparecer el rol de la tecnología, especialmente de la inseminación artificial, como puente entre los núcleos genéticos y el productor. Pero también entra en juego un factor menos tangible: la toma de decisiones. “Muchas veces la elección de una raza pasa por moda o gusto personal. Por eso es clave que el productor se informe, investigue y entienda qué funciona en su sistema”, sostuvo. Desde la visión institucional, la Asociación Paraguaya de Criadores de Braford apunta a generar lineamientos técnicos sin imponer modelos, promoviendo un tipo de animal funcional, adaptado a las condiciones reales de producción. Ese punto cobra especial relevancia en zonas de cría más exigentes, como el Bajo Chaco o regiones como Misiones, Ñeembucú y Caazapá, donde, según Hernaez, es donde realmente se mide la eficiencia de cada raza. “Ahí es donde está el grueso de la cría y donde cada sistema tiene que demostrar resultados”, indicó. En paralelo, también puso en perspectiva el rol de las exposiciones ganaderas dentro del proceso de selección. Si bien cumplen una función técnica, aclaró que no deben ser el único criterio. “Lo que vemos en pista es, en gran medida, un concurso de belleza. A la hora de seleccionar, lo importante es lo que funciona en cada campo”, afirmó. En esa línea, destacó el valor de los datos productivos y de progenie como herramientas clave para lograr impacto económico real. En definitiva, el mensaje es claro: la biotecnología abre una oportunidad concreta para acelerar la mejora genética en Paraguay, pero su efectividad dependerá menos de la herramienta en sí y más de la capacidad del sistema productivo de absorberla y transformarla en kilos de carne. [Foto: Diego Hernaez / Archivo / Productiva C&M]

Pese a su gran beneficio, la transferencia embrionaria todavía enfrenta un cuello de botella estructural en los sistemas ganaderos, tales como la falta de condiciones básicas para que esa inversión se traduzca en resultados productivos y económicos. Así lo planteó Diego Hernaez, titular de VitroTech y miembro de la comisión técnica de la Asociación Paraguaya de Criadores de Braford, quien advirtió que la incorporación de biotecnología debe responder a una lógica de proceso y no de salto inmediato.

“La transferencia embrionaria es probablemente la herramienta de mayor impacto, tanto en calidad como en velocidad de mejora genética. Uno puede tomar genética que fue desarrollada durante 40 años y multiplicarla en un solo año”, explicó. Sin embargo, fue categórico al señalar que ese potencial solo se concreta si el sistema productivo está preparado para sostenerlo.

En ese sentido, remarcó que muchas veces se intenta avanzar hacia tecnologías de punta sin haber resuelto previamente aspectos estructurales del establecimiento. “No se puede tener una casa de dos pisos sin haber hecho los cimientos y la escalera”, graficó, en referencia a la necesidad de ordenar variables como manejo, sanidad y nutrición antes de escalar en biotecnología.

El planteo no es menor en un contexto donde la presión por eficiencia es creciente, tanto por costos como por exigencias de mercado. La posibilidad de acortar los ciclos de mejora genética aparece como una ventaja competitiva clara, pero también como un riesgo si no se ejecuta con criterio técnico.

Hernaez enmarca este proceso dentro de una evolución más amplia que viene atravesando la ganadería paraguaya, particularmente en razas como Braford. Según explicó, el posicionamiento actual no responde a un salto reciente, sino a más de dos décadas de incorporación sostenida de herramientas como inseminación artificial, selección de reproductores y transferencia embrionaria.

“Hoy el Braford es una de las razas pilares de la ganadería paraguaya, con muy buena adaptación y calidad de carne”, afirmó. No obstante, señaló que el desafío sigue siendo lograr que esa genética de punta llegue con mayor profundidad a los rodeos comerciales.

Ahí vuelve a aparecer el rol de la tecnología, especialmente de la inseminación artificial, como puente entre los núcleos genéticos y el productor. Pero también entra en juego un factor menos tangible: la toma de decisiones. “Muchas veces la elección de una raza pasa por moda o gusto personal. Por eso es clave que el productor se informe, investigue y entienda qué funciona en su sistema”, sostuvo.

Desde la visión institucional, la Asociación Paraguaya de Criadores de Braford apunta a generar lineamientos técnicos sin imponer modelos, promoviendo un tipo de animal funcional, adaptado a las condiciones reales de producción.

Ese punto cobra especial relevancia en zonas de cría más exigentes, como el Bajo Chaco o regiones como Misiones, Ñeembucú y Caazapá, donde, según Hernaez, es donde realmente se mide la eficiencia de cada raza. “Ahí es donde está el grueso de la cría y donde cada sistema tiene que demostrar resultados”, indicó.

En paralelo, también puso en perspectiva el rol de las exposiciones ganaderas dentro del proceso de selección. Si bien cumplen una función técnica, aclaró que no deben ser el único criterio.

“Lo que vemos en pista es, en gran medida, un concurso de belleza. A la hora de seleccionar, lo importante es lo que funciona en cada campo”, afirmó. En esa línea, destacó el valor de los datos productivos y de progenie como herramientas clave para lograr impacto económico real.

En definitiva, el mensaje es claro: la biotecnología abre una oportunidad concreta para acelerar la mejora genética en Paraguay, pero su efectividad dependerá menos de la herramienta en sí y más de la capacidad del sistema productivo de absorberla y transformarla en kilos de carne.

[Foto: Diego Hernaez / Archivo / Productiva C&M]

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