La integración entre agricultura y ganadería vuelve a posicionarse como una estrategia eficiente en términos productivos en el este del país. Según explicó Víctor Ito, productor de Yguazú, un campo que sale de soja puede llegar a soportar hasta 10 animales por hectárea durante el primer año de implantación de pastura, gracias al efecto residual del nitrógeno que deja el cultivo.
Sobre el punto, Ito detalló que ese pico de carga no es permanente. “El primer año, después de la soja, llegamos a cargar 10 animales por hectárea, pero el segundo año ya bajamos a seis, porque el efecto del nitrógeno empieza a disminuir. En el tercer año estamos en torno a cuatro animales por hectárea”, explicó. A partir de ese punto, señaló que el sistema pierde eficiencia si no se vuelve a fertilizar o se reingresa en un esquema de rotación agrícola.
El productor indicó que el mantenimiento de la pastura depende tanto de las condiciones climáticas como del volumen de forraje disponible. En escenarios donde se busca intensificar la producción (por ejemplo, para confeccionar ensilaje o heno) se realizan aplicaciones de encalado y fertilización. “Es una especie de maquillaje para levantar el pasto y poder aprovecharlo mejor”, comentó.
En un contexto donde varios agricultores están volviendo a incorporar ganado como estrategia de diversificación, Ito consideró que el sistema mixto permite mayor flexibilidad frente a las oscilaciones del mercado y del clima. Con precios internacionales de granos más ajustados en los últimos tiempos, parte de la producción puede destinarse a la alimentación animal, mejorando la ecuación económica del establecimiento ante los actuales valores del ganado.
No obstante, advirtió que el dinamismo del mercado también se refleja en la reposición. La mayor demanda de desmamantes ha intensificado la competencia entre compradores. “Hoy hay que decidir rápido. Si aparece una buena oportunidad y no actuás, el negocio se pierde”, afirmó, al señalar que la agilidad comercial se vuelve clave en un escenario de oferta ajustada.
De esta manera, la rotación agrícola-ganadera no solo mejora la capacidad de carga en el corto plazo, sino que se consolida como una herramienta estratégica para optimizar recursos, sostener márgenes y adaptarse a un mercado cada vez más exigente.
[Foto: Víctor Ito / Productiva C&M]


