Existen variables que juegan en contra de la campaña de soja, pero, entre ellas, es la baja cotización la que, principalmente, el productor debe buscar atenuar. Hay diferentes estrategias para lograr un punto de equilibrio acorde a cada situación y en esa condición también surgen oportunidades y alternativas de uso de herramientas y soluciones para implementar acciones específicas y precisas, con el objetivo de ganar la máxima productividad posible en esta zafra.
Dentro de este concepto, Productiva C&M visitó el emprendimiento de Agro Deconto, ubicado en Corpus Cristi, departamento de Canindeyú, donde se establecen planes de manejo efectivos, aplicación de tecnologías y se incorporaron los análisis foliares de nutrientes para fertilizaciones precisas y efectivas.

El Ing. Agr. Lucas Deconto, director técnico de la empresa, expresó que es una campaña desafiante para los productores, pero, en el caso de esta unidad productiva, se busca realizar las mejores acciones para promover un manejo sostenible. En ese sentido, comentó que sembraron avena como cobertura en el invierno y sobre sus rastrojos se implantó la soja.
La avena, si bien aporta los nutrientes para el manejo del suelo, es también una herramienta para la nutrición animal, actividad que también se desarrolla en la empresa familiar. Al disponer de este recurso, además de ofrecerle al suelo una cobertura de alta calidad, las áreas son destinadas a este cultivo, de tal manera a que todas las superficies tengan una buena rotación de cultivos y de raíces.
“La siembra de soja en el rastrojo de avena es excelente, te deja más acondicionada la tierra. También la avena deja más nutrientes disponibles para la soja, por lo tanto, tiene un arranque inicial mucho mejor”, destacó.
Indicó que la siembra de soja arrancó el 18 de setiembre y terminó a mediados de octubre. En este periodo se establecieron tres golpes de siembra en tres ambientes totalmente diferentes. En Copargo, la zona visitada por Productiva y una de las parcelas donde se encuentra el área de siembra, los suelos están totalmente corregidos y se trabaja directamente con planes de fertilización sobre exportación de nutrientes. En cambio, las otras dos, Línea 7 y Anahí, aún están en proceso de corrección.
“Cuando uno logra alcanzar el equilibrio en el suelo, posteriormente, solo trabaja en reponer esos nutrientes que se exportan en cada cosecha”, destacó.
Dentro de este proceso, recalcó que el uso de tratamiento de semillas en esta unidad de producción es innegociable, ya que mediante su implementación se logra proteger al cultivo de plagas y enfermedades iniciales. Para ello están utilizando tratamientos con insecticidas y fungicidas adheridos, además de cobalto y molibdeno e inoculación con Bradyrhizobium, con el propósito de brindarle a la soja el nitrógeno suficiente que requiere.
“Si tuviéramos que aportar el nitrógeno en forma de urea, sulfato u otra fuente, sería inviable. Y el Bradyrhizobium vino para revolucionar el suministro de nitrógeno a la soja, principalmente. Sin esta bacteria, de ninguna forma alcanzaríamos los niveles de tenemos”, destacó.
En esta unidad de producción lograr una buena emergencia del stand inicial de plantas es un punto principal, porque en caso de perder una planta por metro, prácticamente se está desaprovechando entre 10 a 15 gramos de soja, los que, al sumar en la cosecha, pueden ser cifras importantes.
Fertilización. En áreas corregidas y equilibradas trabajan con aplicaciones puntuales de 70 a 80 kg de fósforo y 120 kg de K20, además de proporcionar una fuente de boro (ulexita) en presiembra. También les suministran a los cultivos micronutrientes en aplicaciones foliares.
“A través de la agricultura de precisión establecemos un plan para reponer los nutrientes exportados en cada cosecha, hecho que ayuda a equilibrar el suelo a un costo más razonable”, manifestó.
En Agro Deconto, además de realizar los análisis de suelo para la reposición de nutrientes, en la actualidad están implementando los análisis foliares de nutrientes, para tener la información sobre los niveles de requerimientos de ciertos componentes nutricionales que demanda la planta. En caso de que exista la necesidad de algún nutriente, se realizan aplicaciones de fertilizantes de manera puntual.
“Un ingeniero agrónomo es como un médico. Sin el resultado de los exámenes, es difícil tener una recomendación exacta, precisa. Por eso, analizamos desde hojas hasta suelo, en la parte microbiológica, porque es muy importante tener una recomendación asertiva”, acotó.
En esta unidad de producción existen nutrientes que forman parte de un plan de nutrición. Entre ellos se encuentran boro, magnesio, cobalto y molibdeno, pero con los resultados de análisis de las hojas se puede realizar ciertos ajustes en la planificación.
Para la realización del muestreo para el análisis de hoja de la soja, se colectan los trifolios en el estadio R1 de manera aleatoria en varios puntos de la parcela y, posteriormente, son llevados al laboratorio para su estudio.
Lucas Deconto comentó que, debido a los márgenes actuales de la agricultura, es necesario optimizar los recursos, por ende, en este emprendimiento todo lo aplicado está realizando sobre un sustento técnico a través de análisis o evaluaciones.
Enfermedades. En cuanto al manejo de enfermedades, se estará evitando la aplicación cero, pero se ingresará con las primeras aplicaciones con una carboxamida para proteger de mejor manera los cultivos de las enfermedades de fin de ciclo. Indicó, además, que es importante realizar rotación de principios activos para otorgarles mayor seguridad a los cultivos.
Por otra parte, en esta unidad de producción se establecen monitoreos constantes para realizar las intervenciones en torno a la presión de plagas. En ese sentido, se observa una dinámica de poblaciones de plagas que va variando de campaña en campaña, hecho que obliga a estar actualizados para establecer un plan de manejo efectivo, considerando el insecto en cuestión y las moléculas que mejor actúan en su control.
Finalmente, ante una situación de costos importantes y una baja cotización de la soja, el punto de equilibrio en esta unidad de producción estará en 2500 kg por hectárea en campos propios y en 3500 kg por hectárea en campos arrendados.
Lucas dijo que el gran desafío de la agricultura se sostiene en entender cómo las variedades nuevas con alto techo productivo pueden responder de mejor manera en cada ambiente. Además, seguir intensificando tareas sobre el mantenimiento de la microbiología del suelo, con el propósito de establecer un marco más sostenible para la actividad agrícola.
[Material publicado en el segmento Agricultura Productiva de la edición 132 de Revista Productiva, páginas 16 y 17]
[Foto: Lucas Deconto / Revista Productiva]


