En el marco de Innovar 2026, el profesor Jonás Farías, director de la Academia de Sementes de Brasil, destacó la importancia del uso de semillas certificadas como base para lograr altos niveles de productividad y eficiencia en los sistemas agrícolas.
Durante su participación en el stand de Glymax, el especialista explicó que la calidad de la semilla es un factor determinante en el rendimiento final del cultivo. “Trabajar con semillas certificadas, con procedencia conocida y genética adaptada, es lo que permite alcanzar altos niveles de producción”, señaló a Productiva.
En ese sentido, remarcó que los actuales niveles productivos exigen un mayor grado de precisión en cada etapa del proceso. “Sin semillas de alta calidad no es posible sostener rendimientos elevados. Muchas veces el productor no dimensiona cuánto pierde por no utilizar la semilla adecuada”, advirtió.
Farías también hizo énfasis en la correcta implantación del cultivo, señalando que la calidad de la semilla debe complementarse con un manejo eficiente. Aspectos como la plantabilidad, la densidad de siembra y el momento oportuno son claves para evitar fallas o duplicaciones que impactan directamente en el rendimiento.
Explicó que cada planta que se pierde puede representar una merma significativa en la producción final. Son pérdidas que muchas veces no se perciben, pero que afectan la rentabilidad.
Asimismo, destacó que el proceso de producción de semillas certificadas involucra una serie de estándares que garantizan su calidad, desde el campo hasta la entrega al productor. Esto incluye lotes legalizados, seguimiento técnico, cosecha en el momento adecuado para evitar daños mecánicos y un proceso de acondicionamiento con tecnología apropiada.
“El objetivo es que la semilla mantenga su calidad en todo el proceso y llegue al productor en condiciones óptimas para expresar su potencial”, indicó.
El especialista también subrayó el impacto de la inversión en semillas certificadas a nivel de sistema productivo. Según explicó, en países como Brasil, el crecimiento agrícola estuvo fuertemente vinculado a la profesionalización del sector semillero.
“Cuando el productor compra una semilla certificada, no solo está adquiriendo calidad, sino que está invirtiendo en investigación y desarrollo. Eso permite generar nuevos materiales más productivos y resistentes”, afirmó.
Finalmente, advirtió que el uso de semillas no certificadas podría comprometer los avances logrados en productividad. “Sin este sistema, podríamos retroceder a niveles de producción mucho más bajos y eso no queremos”, concluyó.
[Foto: Jonás Farías / Productiva C&M]


