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“Con estos precios del ternero, el criador debe fortalecer los cuatro pilares de la ganadería”

Los actuales valores del ternero desmamante, que, según el peso y la calidad, oscilan entre los G. 23.000 hasta G. 30.000 por kilo, representa una oportunidad inédita para el criador de invertir en su campo y fortalecer los pilares de la ganadería, según el productor Manuel Cardozo, representante de la Asociación Rural del Paraguay (ARP). Sin embargo, sostuvo que capitalizar este escenario dependerá directamente del nivel de eficiencia puertas adentro de cada establecimiento. Cardozo mencionó que históricamente, la mayor rentabilidad se concentró en la invernada, lo que derivó en una estructura productiva con mayor número de invernadores que criadores. Hoy, con precios firmes y atractivos para el desmamante, “es la oportunidad de los que crían de invertir en su campo y fortalecer los cuatro pilares de la ganadería: alimentación, sanidad, manejo y genética”. No obstante, advirtió que el contexto productivo en zonas del Bajo Chaco, particularmente en el área de Estero Patiño, presenta limitantes estructurales que dificultan aprovechar plenamente este momento. La falta de lluvias impacta directamente en la disponibilidad de forraje, lo que repercute en menores porcentajes de preñez y marcación. A esto se suman problemas de abigeato y mortandad, que reducen la oferta efectiva de terneros. “Hay una herramienta que no manejamos, que es la lluvia. Sin agua no hay forraje, y sin forraje no hay producción”, explicó. En ese escenario, el productor se ve obligado a ajustar cargas, recurrir a suplementaciones, confeccionar reservas forrajeras o adquirir balanceados, lo que incrementa los costos. Cardozo remarcó que el desafío no es únicamente producir más terneros, sino producirlos con mayor eficiencia, elevando la tasa de marcación y reduciendo las pérdidas entre nacimiento y señalada. Actualmente, existe una brecha importante en esos primeros seis meses, muchas veces asociada a deficiencias de manejo o sanitación. El representante gremial subrayó que los buenos precios no deben interpretarse como una garantía automática de rentabilidad, sino como una señal de mercado que exige profesionalización y ajustes técnicos. “Es una gran oportunidad, pero requiere mayor eficiencia. No se trata solo de tener buenos precios, sino de estar preparados para producir cuando el mercado lo demanda”, concluyó. El escenario, por tanto, combina incentivos comerciales fuertes con exigencias productivas crecientes, en un contexto donde la gestión interna del establecimiento será determinante para transformar precio en rentabilidad real. [Foto: Manuel Cardozo / Gentileza]

Los actuales valores del ternero desmamante, que, según el peso y la calidad, oscilan entre los G. 23.000 hasta G. 30.000 por kilo, representa una oportunidad inédita para el criador de invertir en su campo y fortalecer los pilares de la ganadería, según el productor Manuel Cardozo, representante de la Asociación Rural del Paraguay (ARP). Sin embargo, sostuvo que capitalizar este escenario dependerá directamente del nivel de eficiencia puertas adentro de cada establecimiento.

Cardozo mencionó que históricamente, la mayor rentabilidad se concentró en la invernada, lo que derivó en una estructura productiva con mayor número de invernadores que criadores. Hoy, con precios firmes y atractivos para el desmamante, “es la oportunidad de los que crían de invertir en su campo y fortalecer los cuatro pilares de la ganadería: alimentación, sanidad, manejo y genética”.

No obstante, advirtió que el contexto productivo en zonas del Bajo Chaco, particularmente en el área de Estero Patiño, presenta limitantes estructurales que dificultan aprovechar plenamente este momento. La falta de lluvias impacta directamente en la disponibilidad de forraje, lo que repercute en menores porcentajes de preñez y marcación. A esto se suman problemas de abigeato y mortandad, que reducen la oferta efectiva de terneros.

“Hay una herramienta que no manejamos, que es la lluvia. Sin agua no hay forraje, y sin forraje no hay producción”, explicó. En ese escenario, el productor se ve obligado a ajustar cargas, recurrir a suplementaciones, confeccionar reservas forrajeras o adquirir balanceados, lo que incrementa los costos.

Cardozo remarcó que el desafío no es únicamente producir más terneros, sino producirlos con mayor eficiencia, elevando la tasa de marcación y reduciendo las pérdidas entre nacimiento y señalada. Actualmente, existe una brecha importante en esos primeros seis meses, muchas veces asociada a deficiencias de manejo o sanitación.

El representante gremial subrayó que los buenos precios no deben interpretarse como una garantía automática de rentabilidad, sino como una señal de mercado que exige profesionalización y ajustes técnicos. “Es una gran oportunidad, pero requiere mayor eficiencia. No se trata solo de tener buenos precios, sino de estar preparados para producir cuando el mercado lo demanda”, concluyó.

El escenario, por tanto, combina incentivos comerciales fuertes con exigencias productivas crecientes, en un contexto donde la gestión interna del establecimiento será determinante para transformar precio en rentabilidad real.

[Foto: Manuel Cardozo / Gentileza]

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