Paraguay duplicó su productividad de maíz en dos décadas gracias a la incorporación de los diferentes eventos transgénicos en este rubro, que dieron un soporte importante para elevar el techo productivo de este cultivo en el país, conforme los datos expuestos por el Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio).

 

El informe de la institución expresa que en la zafra de 1999 la productividad por hectárea fue de 2292 kg; sin embargo, esos niveles de rendimiento se elevaron 100 % en dos décadas, pasando a registrarse alrededor de 5500 kg por hectárea.

 

La biotecnología sumada a manejos mucho más eficientes como ajustes en la densidad de planta, población de planta, fertilización y aplicación de fungicidas ayudaron a elevar la productividad de este rubro relevante para toda la economía nacional y la cadena de valor de la producción de alimentos de proteína animal y el desarrollo energético de base sustentable como el etanol a base de cereales.

 

Esta productividad generó que en 20 años Paraguay pasara a ser un productor de 650 000 toneladas sobre 356 000 hectáreas a 4,5 millones de toneladas sobre 750 000 hectáreas; es decir, la expansión fue significativa.

 

El informe expresa que si se hubieran mantenido los niveles de productividad del maíz de hace 20 años, se hubiese necesitado el doble de la superficie destinada para llegar al volumen de producción actualmente conocido.

 

En tanto que si se hubiese conservado la misma productividad por hectárea de hace 20 años (es decir, sin biotecnología) en la superficie de siembra actual, nuestro país apenas llegaría a producir alrededor de dos millones de toneladas, volumen que no podría llegar a respaldar el posicionamiento de Paraguay como sexto mayor exportador de este cereal.

 

En materia de desarrollo biotecnológico, Paraguay cuenta con 21 eventos transgénicos liberados comercialmente, de los cuales 15 son de la especie maíz. A partir de 2012, con la constitución de un sistema regulatorio altamente profesional, se logró un avance biotecnológico importante en este rubro, lo que permite el impulso de la producción de carnes (bovina, porcina y aviar), huevos y leche, como así también el despertar de la industria de etanol que está próxima a satisfacer la demanda local anual existente.

 

[Material publicado en la sección InfoAgro de la versión impresa de Revista Productiva, edición de noviembre de 2018]