Durante este mes de febrero continuará la sequía que afecta a Paraguay y a partes de Brasil, según las proyecciones del agroclimatólogo Eduardo Sierra. Esta condición ha ocasionado en nuestro país la pérdida en rendimiento por hectárea de la soja, que, a su vez, generará una merma en producción a nivel nacional para esta zafra 2018/2019.

 

Ing. Agr. Eduardo Sierra

 

En lo que va de la campaña 2018/2019 se han hecho numerosas especulaciones sobre el posible desarrollo de un episodio del Niño que, como se explica en este informe, nunca llegó a materializarse y, en la actualidad, tiene muy escasas probabilidades de llegar a hacerlo.

 

Lo que sí se concretó fue un creciente calentamiento del océano Atlántico frente a la costa sudamericana, desde Río de Janeiro hasta Bahía Blanca, que afectó localmente la distribución de las precipitaciones.

 

Un foco de extrema actividad se posicionó sobre el centro de la Mesopotamia argentina, produciendo fuertes y persistentes tormentas sobre el este del Chaco argentino, el norte de la región pampeana, Uruguay y el sur del Brasil.

 

Otro foco de gran actividad, que no se hubiera producido si hubiese habido un Niño, se generó sobre Bolivia y el NOA Argentino, con grandes tormentas y vientos. En compensación de las fuertes corrientes ascendentes de aire que se generaron sobre los focos de tormentas, en medio de ambos, sobre Paraguay y partes de Brasil se desarrollaron fuertes corrientes descendentes, que causaron una prolongada racha de tiempo muy caluroso y seco.

 

La tendencia actual es que el Pacífico continuaría enfriándose, haciendo desaparecer toda posibilidad de que se desarrolle un verdadero episodio del Niño.

 

En tal sentido, el hecho de que el Servicio Meteorológico Australiano haya bajado la calificación del fenómeno de “Alerta del Niño” a “Guardia del Niño”, refuerza la hipótesis de que el estado del océano Pacífico tendería a la neutralidad.

 

Para el conjunto del área agrícola sudamericana esto representaría un retorno hacia a la normalidad, que beneficiaría a la mayor parte del área, reduciendo el peligro de crecida de los grandes ríos por lluvias en sus altas cuencas.

 

No obstante, mientras el océano Atlántico se mantenga caliente, continuará produciéndose una gran área de tormentas intensas sobre el sur del Brasil, la Mesopotamia argentina, el este del Chaco argentino, Uruguay y la región pampeana argentina, pudiendo llegar a ser afectadas zonas que hasta ahora no lo fueron, al mismo tiempo que Paraguay y partes de Brasil continuarán sufriendo sequía.

 

Se sabe que el calentamiento del océano Atlántico es menos persistente que el del océano Pacífico, por lo que cabe esperar que en las próximas semanas su intensidad vaya decayendo.

 

Sin embargo, esto es muy difícil de predecir, por lo que habrá que continuar con la vigilancia semana a semana. Desafortunadamente, debe tenerse en cuenta que el mes de febrero muy probablemente continuará siendo afectado por el calentamiento del Atlántico, por lo que deberá mantenerse la alerta.

 

Durante febrero la influencia del calentamiento del Atlántico continuará haciéndose sentir, por lo que es probable que se presenten riesgos de consideración, con su mayor intensidad sobre el centro y el norte de Argentina, Uruguay, el sur de Brasil y el sur de la región Oriental de Paraguay, que pasaría a observar fuertes tormentas.

 

Bolivia y el NOA continuarían observando fuertes tormentas. Recién a partir de marzo podría darse por finalizada la alerta, sin el riesgo de tormentas otoñales intensas, como hubiera sido si se hubiese dado un episodio del Niño de pleno desarrollo.

 

No obstante, a partir de abril se observa un creciente riesgo de invasiones tempranas de aire polar, que podrían dañar los lotes tardíos.