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De pajonales de baja carga animal a una ganadería intensiva y productiva en campos bajos

La ganadería tradicional quedó en la historia del país como base de la producción de carne en Paraguay y hoy, en esas mismas áreas cubiertas, en su momento, de pajonales emergen prácticas intensivas con aplicación de tecnología, que han cambiado totalmente las páginas en estos ambientes. El Ing. Agr. Silvio Vargas Thompson, director de Estancia Montero, de Ganadera VR S.A., comentó la experiencia que llevan adelante en esta unidad de producción, ubicada en San Ignacio, departamento de Misiones, en donde se estableció una alianza con una empresa, que explota las áreas para la producción de arroz, hecho que redujo notoriamente las superficies ganaderas; sin embargo, por medio de tecnología trabajan para mantener la cantidad de animales en el establecimiento. Explicó que están trabajando mucho en mejoramiento de campo, con pasturas implantadas y reducción de potreros; es decir, hicieron fuertes inversiones para elevar la productividad del lugar. En el caso de las pasturas, están interviniendo las áreas con un subsolado, la incorporación del calcáreo y posterior fertilización. El gran desafío es generar una mayor capacidad receptiva de los campos. La carga animal actual asciende a 0,8 unidades ganaderas por hectárea, que para una unidad de cría es un valor de referencia superior, en relación con el promedio registrado en la región. A su vez destacó que incluso están fertilizando campos naturales, con el objetivo de conseguir una mejor respuesta en estas áreas productivas. Estos campos representan una herramienta importante, considerando que en periodos de estrés hídrico responden de mejor manera y en caso de buenas condiciones, son los que más rápidamente se recuperan; por lo tanto, invertir en estas áreas es una salvaguarda para la empresa ganadera. Desde marzo, el objetivo en estas áreas es albergar cuatro animales desmamantes por hectárea, en una parcela de 50 hectáreas, que contará con subdivisiones y en donde la meta es llegar a la producción de 200 kg de carne por cabeza/año. Mercado. La reacción favorable del mercado impactó en la decisión de establecer este plan de desarrollo mediante la intensificación. Otra variable fundamental fue el clima, que también tuvo una recuperación, ya que las lluvias permitieron el desarrollo de las pasturas. “Particularmente, no soy fanático de las lluvias en el periodo de servicio, porque luego termina impactando en la preñez, pero para el pasto generaron una condición favorable”, expresó. Recordó cómo estos campos marginales eran de fácil anegamiento, pero con el ingreso de la agricultura se corrigieron las áreas, se nivelaron y se generó una revolución. Con la intensificación en esta unidad de producción, además de ciertos ajustes en el manejo reproductivo, mejoraron ciertos índices productivos. Es el caso de que al eliminar el entore en las vaquillas de una determinada categoría (cola), se elevó de 18 % a 85 % la tasa de preñez y con ello se lograron niveles de productividad destacados. Además, en los animales de parición cabecera y media se implementaron herramientas como el destete precoz y la IATF, con las cuales el salto de productividad y calidad de hacienda se elevó ostensiblemente. Por otro lado, como punto a corregir mencionó el porcentaje de merma que existe en la unidad de producción. Para ello ajustaron los controles para lograr que las preñeces lleguen a término y que los terneros se desarrollen sanamente. Así también, también dejaron de anticipar el servicio de las vaquillas para que estas tengan un mejor desempeño. Actualmente, se inseminan a los 24 meses de edad, como un complemento importante a la hora de obtener mejores niveles de productividad. [Nota Ganadería Productiva publicada en la edición 134 de la Revista Productiva, página 18] [Foto: Ganado bovino / Revista Productiva]

La ganadería tradicional quedó en la historia del país como base de la producción de carne en Paraguay y hoy, en esas mismas áreas cubiertas, en su momento, de pajonales emergen prácticas intensivas con aplicación de tecnología, que han cambiado totalmente las páginas en estos ambientes.

El Ing. Agr. Silvio Vargas Thompson, director de Estancia Montero, de Ganadera VR S.A., comentó la experiencia que llevan adelante en esta unidad de producción, ubicada en San Ignacio, departamento de Misiones, en donde se estableció una alianza con una empresa, que explota las áreas para la producción de arroz, hecho que redujo notoriamente las superficies ganaderas; sin embargo, por medio de tecnología trabajan para mantener la cantidad de animales en el establecimiento.

Explicó que están trabajando mucho en mejoramiento de campo, con pasturas implantadas y reducción de potreros; es decir, hicieron fuertes inversiones para elevar la productividad del lugar.

En el caso de las pasturas, están interviniendo las áreas con un subsolado, la incorporación del calcáreo y posterior fertilización. El gran desafío es generar una mayor capacidad receptiva de los campos.

La carga animal actual asciende a 0,8 unidades ganaderas por hectárea, que para una unidad de cría es un valor de referencia superior, en relación con el promedio registrado en la región. A su vez destacó que incluso están fertilizando campos naturales, con el objetivo de conseguir una mejor respuesta en estas áreas productivas.

Estos campos representan una herramienta importante, considerando que en periodos de estrés hídrico responden de mejor manera y en caso de buenas condiciones, son los que más rápidamente se recuperan; por lo tanto, invertir en estas áreas es una salvaguarda para la empresa ganadera.

Desde marzo, el objetivo en estas áreas es albergar cuatro animales desmamantes por hectárea, en una parcela de 50 hectáreas, que contará con subdivisiones y en donde la meta es llegar a la producción de 200 kg de carne por cabeza/año.

Mercado. La reacción favorable del mercado impactó en la decisión de establecer este plan de desarrollo mediante la intensificación. Otra variable fundamental fue el clima, que también tuvo una recuperación, ya que las lluvias permitieron el desarrollo de las pasturas.

“Particularmente, no soy fanático de las lluvias en el periodo de servicio, porque luego termina impactando en la preñez, pero para el pasto generaron una condición favorable”, expresó.

Recordó cómo estos campos marginales eran de fácil anegamiento, pero con el ingreso de la agricultura se corrigieron las áreas, se nivelaron y se generó una revolución.

Con la intensificación en esta unidad de producción, además de ciertos ajustes en el manejo reproductivo, mejoraron ciertos índices productivos. Es el caso de que al eliminar el entore en las vaquillas de una determinada categoría (cola), se elevó de 18 % a 85 % la tasa de preñez y con ello se lograron niveles de productividad destacados.

Además, en los animales de parición cabecera y media se implementaron herramientas como el destete precoz y la IATF, con las cuales el salto de productividad y calidad de hacienda se elevó ostensiblemente.

Por otro lado, como punto a corregir mencionó el porcentaje de merma que existe en la unidad de producción. Para ello ajustaron los controles para lograr que las preñeces lleguen a término y que los terneros se desarrollen sanamente.

Así también, también dejaron de anticipar el servicio de las vaquillas para que estas tengan un mejor desempeño. Actualmente, se inseminan a los 24 meses de edad, como un complemento importante a la hora de obtener mejores niveles de productividad.

[Nota Ganadería Productiva publicada en la edición 134 de la Revista Productiva, página 18]
[Foto: Ganado bovino / Revista Productiva]

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